Un escritor que busca que las cosas estén bien

Un escritor que busca que las cosas estén bien

William Ospina ganó EL COLOMBIANO Ejemplar en la categoría Cultura-Persona en 2008.

En su listado de distinciones y reconocimientos que ha recibido en su trayectoria como escritor, poeta, ensayista y columnista, el tolimense William Ospina guarda uno que considera valioso, y que quizás no le llegó tanto por el contenido de sus letras, sino por la trascendencia que han tenido en la sociedad y la comunidad de lectores que se han nutrido de su intelectualidad.

La entrega del premio EL COLOMBIANO Ejemplar en 2008 coincidió con la publicación de una de sus novelas más conocidas, El País de la canela –parte de una trilogía junto a Úrsula y La Serpiente sin Ojos sobre el descubrimiento y la conquista del Amazonas por los europeos–, que un año después le valdría uno de sus premios internacionales más importantes, el Rómulo Gallegos, que le ofreció el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, de Venezuela.

Para Ospina, haber recibido el reconocimiento como un ciudadano ejemplar encajaba su interés y su compromiso permanentes porque desde su obra se plantearan reflexiones acerca de las cosas que funcionaban mal en el país –y en la sociedad misma, sin importar las fronteras–, y porque estas cambiaran.

Su evolución

En estos trece años desde que recibió el reconocimiento en Medellín la actividad literaria de Ospina ha sido prolífica: once obras entre novelas, poesías y ensayos, y también ha escrito antologías y columnas.

En cada letra y párrafo Ospina dice que intenta plasmar un trabajo responsable que todo escritor debería tener no solo con su creación y su imaginación, sino con el país, “con la lengua a la que pertenece y la cultura a la que representa”.

No se atreve a decir que por su labor sea un ejemplo, pero agradece que instituciones y personas consideren que pueda inspirarlos y que hagan públicas esas manifestaciones.

“Como escritor, son los lectores quienes pueden decir si mis libros los mueven u orientan en algún sentido, y como colombiano, los ciudadanos pueden decir cuánto aprecian un esfuerzo que es sincero y continuo por pensar el país, opinar sobre él y, no sé qué tanto sea inspirar y trazar alguna orientación sobre lo que este podría hacer y alcanzar”.

Desde la literatura

William Ospina asegura que cuando cada persona enfoca sus esfuerzos en hacer las cosas bien en su campo, de acuerdo a lo que le corresponde, un país funciona. Además, el Estado y las instituciones tienen que favorecer y estimular su cumplimiento, y en esa línea, la educación y la salud son factores clave.

La educación “debe servir fundamentalmente para descubrir vocaciones y estimular esfuerzos”, y si se le suman unas condiciones óptimas de salud, las personas tendrán el escenario ideal para cumplir con sus responsabilidades. Eso, agrega Ospina, “sin hacer énfasis en el tema de los derechos, porque todos deben ser profundamente respetados, pero todo ser humano también tiene unas posibilidades y unos deberes que deben ser tenidos en cuenta”.

Sin embargo, su principal crítica a la sociedad colombiana es que en su concepto ni esta ni el Estado están diseñadas para eso mismo que él plantea: ayudarles a los demás a ser mejores ciudadanos y a que cumplan con sus tareas y obligaciones. Esto porque no reciben las oportunidades que deberían tener para ir por su destino e incluso para cumplir con lo que la ley les impone.

“Creo más en la posibilidad de que en el país haya esfuerzos para que todo el mundo pueda hacer sus tareas, crear sus labores y vivir su destino de la mejor manera, que en unos cuantos liderazgos. Estos son valiosos, pero lo más importante es que cada miembro de la comunidad reciba estímulos y cumpla con lo que le corresponde”.

El autor compartió con EL COLOMBIANO algunos atributos que deben tener las personas para ser consideradas ejemplares, a partir del papel de los escritores. Dijo que estos viven profundamente el asombro de estar vivo en un mundo tan extraño e inexplicable e igual tan maravilloso, “La mayor parte de los seres humanos están desterrados de esa belleza, de los dolores de la naturaleza, por las explotaciones, las injusticias, el desorden, la violencia, las arbitrariedades. Por eso en todo lo que escribo hay un esfuerzo y a veces se manifiesta como una opinión política, pero es que en el fondo es más bien una gratitud por la poesía del mundo y el desvelo porque las personas quieran ser partícipes de eso”, concluye

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