En este oceanario, la conservación va primero

En este oceanario, la conservación va primero

Este refugio natural del Caribe fue condecorado con el premio EL COLOMBIANO Ejemplar en la categoría Turismo-Institución en 2007.

El Oceanario Islas del Rosario en la actualidad es la casa de cerca de 1..400 animales de 140 especies marinas, un centro de conservación y protección de fauna y flora, y uno de los principales atractivos turísticos naturales en esta región del Caribe colombiano. Existe desde 1984 y la idea de su creación le surgió a su fundador, Rafael Vieira, mientras practicaba uno de sus pasatiempos favoritos: la pesca.

“Yo vivía en esta isla, que tiene menos de media hectárea de área, desde 1975, cuando tenía veinte años, y siempre me interesaron los animales. Me dedicaba a la pesca, pero cuando lo hacía había ciertos animales que yo no quería que se murieran, así que hice unos corrales en el mar y los ubiqué allí. Coleccionaba barracudas, tiburoncitos, pargos, tortugas. Era como una especie de acuario, pero en aquella época no venía turismo”, recuerda Rafael.

Cuando comenzaron a llegar los primeros visitantes, alguien avisó de la existencia de su acuario, lo cual atrajo la atención del público. Para atenderlos, Rafael construyó unos senderos en madera que hicieron más cómodo el recorrido. El ingreso al principio era gratuito, pero con el tiempo la afluencia aumentó y por tanto se hizo necesario delimitar el aforo con el cobro de la entrada.

Cada vez eran más turistas los que visitaban la isla, y por ende los recursos comenzaron a crecer. Por su profesión como taxidermista (el oficio de disecar animales ya muertos para su conservación, exposición y estudio), Rafael fue creando una especie de museo que, con el tiempo, se fue formalizando.

El acuario, ya con museo, adquirió relevancia, y eso llegó a oídos de las entidades gubernamentales regionales y nacionales. Rafael estableció un convenio con Parques Naturales de Colombia –que antes de que él creara el acuario había establecido a finales de la década de los setenta el Parque nacional natural Islas Corales del Rosario y San Bernardo–, lo cual dio paso a que además de los atributos turísticos, el acuario y museo pasara a ser un oceanario, con labores de investigación marina y actividades educativas dirigidas con estudiantes de instituciones de Cartagena.

Dedicación y compromiso

El esfuerzo hecho por Rafael, en conjunto con su esposa Sol Estrellita Mar Cardona, fue reconocido por las autoridades, que valoraron la dedicación y el esfuerzo que ambos tuvieron para darle vida y forma.

En la actualidad el Islas del Rosario es administrado por el Centro de Investigación, Educación y Recreación –Ceiner–, que fue creado para la gestión de las actividades de educación e investigación y también los servicios de recreación. En todas se promueven el conocimiento, la comprensión y la conservación de la vida marina en el parque.

Al inicio, dice Rafael, el acuario funcionaba por fuera de la jurisdicción de alguna autoridad, ya que no existía una que vigilara las islas, pero al ver el auge del lugar, buscó la manera de que sus actividades se legalizaran. Tocó las puertas del antiguo Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena), una agencia ambiental de índole nacional, que existió hasta 1993 y que administraba el sistema de parques nacionales naturales, para que le otorgaran los permisos respectivos, que consiguió sin problemas.

Su mayor satisfacción es ver las emociones de los visitantes por encontrarse con las especies que se han encargado de cuidar y conservar.

“Cuando abrimos a las 9:00 de la mañana me gusta recorrer y escuchar los comentarios de las personas que agradecen lo que están descubriendo y conociendo. Realmente ahí me doy cuenta de que lo que hemos hecho y el aporte entregado es bien recibido”, sostiene.

En la actualidad, el Oceanario está involucrado en un proyecto de protección de los tiburones que están amenazados por la caza para la comercialización de sus aletas. Gracias, dice Rafael, a las medidas preventivas que han tomado las autoridades, se ha evidenciado una recuperación en las poblaciones de estos animales, y dentro del área del parque ya se nota un aumento de su presencia, en beneficio de ese ecosistema.

Rafael, a sus 70 años, espera permanecer muchos años más en esta isla que, más que un oceanario, ha sido su residencia por tantas décadas y que ha procurado conservarlo como lo que es: su hogar, la casa de todos

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