Iniciaron dos biblioburros, hoy son ocho y más libros

Iniciaron dos biblioburros, hoy son ocho y más libros

El profesor Luis Humberto Soriano ganó EL COLOMBIANO Ejemplar en la categoría Cultura-Persona en 2013.

Ya son ocho los biblioburros que integran la red creada por Luis Humberto Soriano, un profesor de Nueva Granada, municipio del Magdalena, quien hace veinticinco años cargó de libros los lomos de Alfa y Beto, los animales que son como su familia, y con ellos atravesar los pueblos de su región, promocionar la lectura y reducir la tasa de analfabetismo en esta zona del país, cercana al 9,12 %, superior al promedio nacional que ronda el 5 %.

Lejos de las grandes ciudades –Santa Marta queda a unas cuatro horas en vehículo– y de las fuentes del conocimiento, Soriano halló en los burros la mejor manera de que los campesinos tuvieran acceso a libros que él conseguía como podía. Más adelante, cuando su iniciativa se conoció, las donaciones comenzaron a llegar.

Famosas son sus correrías por las vías rurales del departamento, con trayectos de hasta veinte kilómetros entre un punto y otro y jornadas que se extienden por ocho horas, para llegar a cada uno de los campesinos que no tienen otra manera de palpar un libro con sus manos.

Recuerda que cuando ganó EL COLOMBIANO Ejemplar en 2013 le llegaron decenas de cajas repletas de títulos con los cuales su colección superó las quinientas unidades.

Con los biblioburros, Soriano ha trascendido las fronteras no solo de su departamento sino del país, pues su plan lector ha sido reconocido en México y Estados Unidos.

Un apoyo para sus colegas

La labor de Soriano es loable. Gracias a su iniciativa, escuelas en lugares remotos del Magdalena han complementado sus actividades pedagógicas, incluso los maestros se han visto beneficiados al contar con herramientas educativas que les han servido para incrementar el alcance de sus enseñanzas.

Hasta esas poblaciones ha llegado luego de recorrer largos trayectos en jornadas que se extienden por ocho horas, pero con la satisfacción de ser recibido con jolgorio pues detrás de él la cultura se hace presente en sitios donde pocas veces cuentan con estas alternativas de recreación y aprendizaje.

Tal ha sido la acogida y el reconocimiento que hasta en algunas poblaciones aparecen burros voluntarios que lo acompañan cuando Alfa y Beto no pueden o tienen que descansar luego de un camino prolongado.

La red de biblioburros se ha extendido gracias a la tecnología, que ha acortado distancias y le ha permitido contactar por redes sociales a otras personas que se identificaron con su mensaje y quisieron sumarse al grupo.

“Nos hemos adaptado muy rápidamente al vuelco que ha dado el mundo. Los chicos de hoy en día nacen con ese chip incorporado”, comenta Luis. A los biblioburros les han agregado quince tablets, ocho computadores portátiles y cada integrante tiene su teléfono inteligente. Por los dispositivos se intercambian conferencias, libros, hablan con otras personas en el resto del mundo, se envían imágenes y enseñan sobre el uso responsable de la red.

Sus actividades están dirigidas a la comunidad, con énfasis en el grupo familiar, pero nadie se queda por fuera. Como biblioteca itinerante, cualquier persona que lo desee puede acceder a los contenidos que en ella están disponibles.

“Tenemos maletas viajeras en las que contamos con libros sobre carpintería, botánica, diccionarios, literatura infantil y juvenil”, describe Luis.

Comunidad comprometida

Los biblioburros son bienvenidos en los municipios del Magdalena y Luis, encantado, acoge a los voluntarios que se suman a sus actividades.

A veces son maestros, en otras ocasiones padres de familia que reclutan a la gente y realizan jornadas de lectura en voz alta para todos los públicos. También se organizan clubes, hay concursos, creación de cuentos, ejercicios de lectoescritura, entre otras metodologías para conectar con los participantes.

En algunas ocasiones, recuerda Luis, han hecho cine a las estrellas, en la que con un videobeam, un portátil y una pequeña planta eléctrica las familias se han reunido a ver películas, en una experiencia que para muchas de ellas es memorable.

Una red de biblioburros que transporta alegría, conocimiento y esperanza.

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