El orgullo de ser colombianos ejemplares

El orgullo de ser colombianos ejemplares

Mariana Pajón Londoño tenía 14 años cuando fue reconocida por primera vez en EL COLOMBIANO Ejemplar. Fue en la edición de 2005, en la categoría Infantil, siete años antes de que consiguiera la primera de las dos medallas olímpicas de oro que reposan en su vitrina de logros. Hoy, a sus 29 años, y tras acumular, además, cerca de 28 medallas de oro en distintos eventos nacionales e internacionales, incluidos ocho campeonatos mundiales, la bicicrosista considera que este premio, que volvió a recibir en 2012 en la categoría Deportes, “tiene un significado muy especial, más importante que si hubiera conseguido un título”.

En la entrega compartió escenario con otras personalidades que fueron reconocidas como el cantante Juan Esteban Aristizábal, Juanes; el presentador Jorge Barón; el empresario Samuel Azout y el futbolista Luis Amaranto Perea, así como representantes de instituciones y empresas ganadoras como la Universidad de Antioquia, Distrihogar, el Carnaval de Barranquilla, y también de personas destacadas en otras categorías como Gloria Amparo Hernández (solidaridad), Paolo Lugari (ciencia y tecnología), entre otros.

Estar al lado de tantos ganadores que estaban allí para ser reconocidos no por sus títulos y logros sino por “sus valores como personas” fue para Mariana un mérito que iba más allá de lo que había conseguido en las pistas.

En aquella entrega de 2005, Julio Carrizosa la acompañó en la tarima de ganadores. Al igual que ella, este científico –miembro de la Academia Colombiana De Ciencias Exactas, Físicas y Naturales– ha recibido este reconocimiento en dos ocasiones (la otra fue en 2014). Cuando supo de esa primera postulación se sorprendió ya que “nunca pensé que podría ser considerado como un ejemplo para los demás”. Más sorpresa le causó el hecho de haber estado en ese listado por segunda ocasión, pues asegura que su labor ha sido anónima y desinteresada.

¿Qué es ser colombiano ejemplar?

Juan Luis Mejía, exministro de Cultura y quien hasta 2020 se desempeñó como rector de la Universidad Eafit, ha hecho parte del jurado calificador de este reconocimiento, en compañía, entre otros, del expresidente Belisario Betancur (hasta su muerte en 2018); la exprimera dama de Colombia, Lina Moreno de Uribe; el empresario Antonio Celia, y Fernando Chaparro, vicerrector académico de la Universidad Central.

En su concepto, este premio ha hecho visibles las vidas de todo tipo de personas, anónimas y mediáticas, de todas las regiones del país y quienes sin importar cuál sea su lugar en la sociedad –empresarial, cultura, solidaridad, social, ciencia, deportes, entre otros sectores y posiciones– y sin esperar una retribución “se convierten con su acción en ejemplo y en ciudadanos ejemplares”.

Un colombiano ejemplar es aquel que contribuye a la solidaridad con sus semejantes, y que desde su trabajo, por más humilde que este sea, ayuda a crear una sociedad más justa, equitativa y sobre todo una sociedad en permanente desarrollo”.

Mejía recuerda el entusiasmo con el que el expresidente Betancur participaba en la escogencia de los ganadores – lamenta el hecho de que en este 2021, y por primera vez, no los acompañe en el jurado–, pero en particular lo marcaron unas palabras que le expresó Alfredo Hoyos Mazuera, fundador de la cadena Frisby –fallecido en 2020–, quien al recibir el reconocimiento como EL COLOMBIANO Ejemplar en 2014 en la categoría Empresa a nombre de su compañía, le dijo: “Recibí muchas distinciones, pero esta es la primera en la que alguien me ha considerado como un colombiano ejemplar”.

Para el exrector, al ser seres sociales, la primera pregunta que los ciudadanos deben hacerse para querer ser ejemplo ante los demás es qué pueden hacer, desde su labor, por su país y por su sociedad, entendiendo que todos tenemos derechos y también deberes.

“Un colombiano ejemplar es aquel que contribuye a la solidaridad con sus semejantes, y que desde su trabajo, por más humilde que este sea, ayuda a crear una sociedad más justa, equitativa y sobre todo una sociedad en permanente desarrollo”.

Francisco Cortés, profesor y exdirector del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia, explica que desde una mirada filosófica, y a partir del desarrollo de la filosofía moderna entre los siglos XVII y XVIII, han surgido dos grandes escuelas o posiciones respecto a lo que es una ciudadanía ejemplar: un concepto liberal (promovido por John Locke y Paul Kahn) y otro republicano (por Jean-Jacques Rousseau), que se han extendido hasta el presente.

En la liberal, dice el docente, se considera que los ciudadanos son miembros de un estado que les garantiza el goce de unos derechos fundamentales, civiles y políticos, lo cual les permite realizar sus actividades privadas, independiente de su posición, y tener participación y organización en la vida política de esa sociedad.

Bajo esa óptica liberal, un buen ciudadano es “aquel que actúa y respeta la ley, que respeta los derechos y las libertades de los demás, pero con la obligación de cumplir con aquellas responsabilidades que la sociedad le demande”, pero aquel que es ejemplar “va incluso más allá y no se atiene a lo que le dice la ley, participa en organizaciones cooperativas y comunitarias, ayuda a otras personas, si tiene forma destina parte de sus recursos para crear fundaciones”, entre otros asuntos.

De otro lado, la concepción republicana que plantea Rousseau, afirma Cortés, se contrapone con la liberal en que lo fundamental es que el ejercicio de la ciudadanía debe tener un concepto mucho más amplio de los derechos políticos.

“La actuación política de las personas debe ir más allá de su simple participación en el nombramiento de los representantes políticos, y en cambio se les debe dar la posibilidad a todos los ciudadanos de que participen activamente en la conformación de una sociedad política, por tanto el concepto de ciudadanía es más denso, y no se limita al cumplimiento de sus obligaciones en la vida privada, sino que hacen cosas que están fuera de su campo de trabajo o competencia”, expresa el docente.

Los colombianos ejemplares Jeihhco recuerda la noche de 2016 en la que un montón de raperos llegaron al Museo de Arte Moderno “todos bien vestiditos, por allá mezclados con gobernador, alcalde y personalidades. Fue bien bonito”.

Él hizo parte del colectivo del movimiento cultural de la comuna 13, integrado entre otros por la Corporación Son Batá, el GraffiTour y la Casa Kolacho, que aquel año recibió el reconocimiento en la categoría Cultura-Institución. El premio “lo tenemos guardado todavía de manera preciada en nuestro espacio como uno de los más especiales”, pues asegura que “ser ejemplo es difícil”. Cuando supieron quiénes habían sido los jurados y el resto de instituciones galardonadas, valoraron aún más lo obtenido.

Me sentí muy honrado con ese reconocimiento”. “Lo interpreto como una manera de valorar las cualidades que identifican a las personas que se proponen ser un modelo a seguir. Es algo bonito porque identifican a quienes aportan en diferentes campos”.

“Todos tenemos dificultades, y quizás el mayor ejemplo en nuestro caso es que siempre lo intentamos de nuevo. Medellín está llena de instituciones así que, a pesar de las adversidades, y sobre todo ahora con lo del virus, lo siguen intentando, pero vamos a salir adelante. En la comuna 13 lo hicimos, a pesar de la violencia y la exclusión”, señala.

El doctor Francisco Lopera, neurocientífico colombiano que se ha destacado por sus investigaciones y avances sobre el alzhéimer, tiene el premio en su consultorio a la vista de todos sus pacientes, y lo sorprenden las reacciones que estos tienen al admirarlo.

“Me sentí muy honrado con ese reconocimiento”, que recibió en 2013 en la categoría Ciencia y Tecnología-Persona. “Lo interpreto como una manera de valorar las cualidades que identifican a las personas que se proponen ser un modelo a seguir. Es algo bonito porque identifican a quienes aportan en diferentes campos”.

El periodista J. Enrique Ríos dice haberse sentido “como en mosco en leche”, pues no podía creer que estaba en la tarima de ganadores al lado de “vacas sagradas”. Él obtuvo la mención en 2012 en la categoría Economía-Persona, y fue tanto el honor que sintió que sus cinco hijos asistieron a la premiación, incluyendo uno que viajó expresamente desde EE. UU. a la ceremonia.

“Ser un colombiano y un ciudadano ejemplar es ser un ejemplo para las otras generaciones, las presentes y las futuras, no solo por hacer una actividad decente y honesta, sino por el esfuerzo que se hace por sobresalir y no ser de la medianía con cosas que la gente necesita”, cuenta.

Para Alonso Monsalve Gómez, ganador en 2011 en la categoría TurismoPersona, el premio representó un gran impulso para su vida en el sector, reconociendo la labor que venía ejerciendo por la promoción de los destinos regionales en Antioquia.

“Para ser ejemplar hay que tener ética personal y empresarial, e identificación con los valores del antioqueño. No solo tiene que ver con ser exitoso en los negocios que la gente cuando vea a esa persona quiera emular su comportamiento”, asegura.

Carlos Alberto Díaz, quien en 2008 oficiaba como coordinador general del Instituto Materno Infantil de Bogotá, tuvo la fortuna de reclamar el premio a nombre de esa entidad. Hoy, a pesar de llevar diez años por fuera de ella, recuerda con agrado ese momento puesto, valorando el hecho de que el reconocimiento llegara desde Medellín, “ciudad que se destacaba por sus altos estándares de calidad en todo lo que realizaban en salud”.

Fue, dice, un reconocimiento al trabajo en equipo que venían desarrollando, y una motivación para seguirle brindando apoyo a la sociedad, y en especial a la población infantil más vulnerable.

Colombianos que construyen sociedad. ¿Conoce a alguno que quisiera postular?

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