Catalina ha hecho de la genómica un cuento

Catalina ha hecho de la genómica un cuento

Catalina López Correa ganó el premio EL COLOMBIANO Ejemplar en 2011, en Colombianos en el exterior.

A la famosa variante delta, que viene ocasionando tantos estragos y sembrando terror durante la pandemia, la conocemos gracias a la genómica, esa especialidad de la ciencia que tanto apasiona a Catalina López Correa, una antioqueña que en 2008 decidió emigrar a Canadá y allí ha hecho una carrera en la que su éxito, dice, ha sido “contribuir a generar cambios significativos, sea a una, a cinco o a millones de personas”, como ha ocurrido en estos tiempos tan turbulentos para la humanidad.

Si en ese país, como en muchos otros incluyendo Colombia, se están tomando decisiones para controlar la propagación del covid-19, ha sido en parte gracias al trabajo de científicos como ella, quien desde su labor en la dirección ejecutiva de la Red Canadiense de Genómica del COVID-19 (CanCOGeN) se ha encargado de liderar la secuenciación del genoma del virus, a través de la cual se han detectado millones de variantes, entre ellas la delta.

En 2011, cuando recibió el premio EL COLOMBIANO Ejemplar, esta médica formada en la UPB y egresada del colegio La Enseñanza de Medellín se desempeñaba como vicepresidenta de Asuntos Científicos de Genoma en Quebec, Canadá, uno de los siete países en los que ha vivido por un trabajo que siente que está cumpliendo el sueño de su vida: recorrer el mundo haciendo lo que ama, con la genómica como hilo conductor.

“Para mí ha sido muy importante que lo que hago contribuya a generar cambios. Ver los proyectos que hoy estamos financiando en Canadá para atender la pandemia, secuenciando más de 150.000 genomas del virus, y que esa información sirve para que se tomen decisiones como cerrar aeropuertos o decirles a las personas que se queden en casa y se protejan es lo que soñaba desde chiquita”.

Una contadora de cuentos

Catalina dice que su naturaleza es la de ser una contadora de historias, también una buena oyente de las de los demás.

Comprende que la genómica quizás es un tema que no es muy fácil de entender por las demás personas, por eso trata de aterrizar sus conceptos para que muchas le entiendan cuando se expresa.

“Si hablamos de la genómica forestal no puedo referirme a marcadores o términos científicos, porque sería complejo; en cambio, trato de explicar por qué, según sus genomas, algunos árboles tienen la capacidad de resistir a sequías o pestes que otros de su misma especie, o cuáles sobrevivirán a los cambios del clima y serán bombas de carbono que absorberán toda la contaminación”, dice.

Por eso hoy se sorprende, y celebra, que en las conversaciones cotidianas de las personas y en medios de comunicación la genómica se haya abierto un espacio, así sea por circunstancias que quizás no sean las mejores.

“El covid-19 sacó la genómica de los laboratorios. Hace poco escuché a un político decir ‘la vigilancia genómica nos permitió detectar las variantes, ahora en Colombia estamos secuenciando”… y dije ¡wow!: mencionó genómica, secuenciación, variante, un político que antes no tenía ni idea de esos lenguajes”, pero que hoy son comunes en periódicos, revistas, magacines y en el público en general.

Catalina, quien además tiene un máster en Genética de la Universidad Paris VII/Instituto Pasteur en Francia y un PhD en Genética Humana de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, y entre otras organizaciones trabajó para Ruta N como directora de Operaciones, ha sido una colombiana que ha dejado muy en alto el nombre del país, pero no ha sido tan sencillo.

Siente que si bien el aporte que ella misma y muchos otros colombianos han brindado para cambiar el estigma que tienen los connacionales en el exterior, en ocasiones le ha tocado comenzar en algunos trabajos ni siquiera desde cero: “desde menos veinte”, por ello insiste en que su éxito, el personal y el profesional, no es gratuito y que ha sido con base en el esfuerzo y el compromiso con sus metas.

En Canadá, donde vive con su pareja, la escritora María Adelaida Escobar, Catalina siente orgullo cada vez que se presenta como una colombiana a la que la vida le ha premiado ese interés por querer siempre expresar “la mejor versión de mí misma”, y coherente con ese propósito es que sigue persiguiendo sus metas, sin pensar en conseguir un puesto o un trabajo perfecto, y mejor en que pueda expresar su pasión sin barreras.

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