Un banco que oxigena al planeta

Un banco que oxigena al planeta

La Corporación Masbosques, con el proyecto BancO2, ganó en la categoría Medio Ambiente-Institución en 2018.

En 2021 se conmemoran los 18 años de la Corporación Masbosques, una entidad creada con el fin de articular la conservación y la protección de los recursos naturales con las comunidades de distintas regiones del país, y de ofrecerles a estas una alternativa económica que les ayudara a mejorar su calidad de vida.

Bajo esa premisa nació en 2013 el proyecto BancO2, una iniciativa que hoy congrega a 26.000 familias distribuidas en 26 de las 33 corporaciones autónomas regionales del país, desde la isla de San Andrés hasta el Amazonas, señala su director, Jaime Andrés García, quien en 2018 recibió a nombre de la entidad el premio EL COLOMBIANO Ejemplar, como reconocimiento a esta labor.

Estas familias reciben cada uno, dos o tres meses –dependiendo del acuerdo al que hayan llegado con la Corporación, entre 200.000 y 600.000 pesos (las que están en Medellín reciben un poco más) por su participación en proyectos de gran impacto ambiental relacionados con la conservación, la restauración y otros servicios ambientales; por tanto, la ganancia se distribuye entre todos y se extiende al planeta.

Una gestión que trasciende

El director García asegura que el gran reto que han tenido en este tiempo es el de generar conciencia entre las comunidades asentadas en territorios con una riqueza natural exuberante, pero que por sus condiciones de pobreza se ven a veces abocados a realizar prácticas agrícolas que afectan esos ecosistemas.

En muchas regiones ha sido común que estas comunidades hayan basado sus actividades económicas en la producción de elementos que requieren la expansión de las fronteras agrícolas mediante la tala de bosques o deforestación, y se les ofrecen alternativas con sistemas agroforestales eficientes y sostenibles en los que se les garantiza la comercialización de sus productos y la generación de ingresos.

“El pago que realizamos no es un regalo ni un apadrinamiento, porque los predios que ellos poseen y que los invitamos a proteger y conservar generan beneficios ambientales para quienes estamos en las zonas urbanas. Entonces lo que hemos querido es visualizar y visibilizar a esas comunidades”, expresa.

Un ejemplo de lo que García describe es un proyecto de alternativa económica a través de unos microinvernaderos en los que están controlando la temperatura y la humedad, con lo cual aumentan la productividad en los cultivos que realizan las comunidades; así, el campesino tiene la tranquilidad de que recibirá sus recursos, y eso se traduce en bienestar y calidad de vida para él y para los demás.

Es, también, un ejercicio de equidad e inclusión, pues esto les permite mejorar sus viviendas, acceder a educación y salud, entre otros factores.

BancO2, además, se ha convertido en un aliado para que las empresas ejecuten sus estrategias de responsabilidad social ambiental; en la actualidad son más de 250 organizaciones que están realizando aportes voluntarios en todo el país, y a través de estas acciones compensan su generación de emisiones de carbono.

Un proyecto en expansión

Jaime Andrés García celebra que BancO2, además de estar presente en gran parte del territorio colombiano, ya está exportando su estrategia a otros países. Recientemente establecieron un convenio con el Gobierno de Perú, para trabajar en la región de la selva amazónica, al norte de ese territorio, en municipios que son clave para la conservación ambiental.

Se trata de un proyecto en equipo con la Universidad Católica de Sapiencia, con Icontec Perú, los ministerios de Agricultura y Ambiente y el Banco Interamericano de Desarrollo a través de su laboratorio ambiental, en el cual se han invertido cerca de 1.5 millones de dólares. Por ahora está en prueba piloto, pero la meta en ese país es involucrar a 1.600 familias una vez se pueda replicar la estrategia.

También la Corporación ha hecho alianzas internacionales, como el programa de bosques andinos en el que están Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia, en el que se intercambian experiencias de pagos por servicios ambientales dependiendo del contexto de cada país, pues por ejemplo en Bolivia esta figura no es permitida, ya que allí los recursos naturales son considerados como sagrados.

“Nos genera satisfacción trabajar por las comunidades, ofrecerles alternativas económicas al tiempo que ellos nos devuelven servicios ambientales, y que puedan tener una vida digna. Somos una entidad joven, unos gomosos del medio ambiente”, concluye García.

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