Los “imposibles” no existieron para Alicia Mejía

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Los “imposibles” no existieron para Alicia Mejía

Como gestora de eventos de ciudad recibió EL COLOMBIANO Ejemplar en 2002.

Era tanta la insistencia de esa colombiana que tenía al frente para que la acompañara a un evento de moda en Medellín, que Óscar De la Renta tuvo que llamar a su asistente de relaciones públicas para que lo ayudara: “dile que no puedo; yo no he sido capaz”.

Era 1999. Días antes de ese encuentro, Alicia Mejía había soñado con que el diseñador dominicano estuviera presente en Colombiamoda, un evento al que le había dado vida en 1990 y que quería impulsar a nivel internacional con un personaje de ese calibre. Corrían los años finales del siglo pasado, la situación de seguridad y orden público en Medellín no eran las mejores, sin embargo, ella creía que ese imposible podía hacerse realidad.

Un día, Alicia le solicitó a su asistente en Inexmoda que la comunicara con la oficina de De la Renta. La secretaria de este apuntó la llamada, la primera tarea estaba hecha: avisarle que una señora colombiana, de Medellín, quería hablar con él.

Lo que parecía imposible, comenzó a tomar forma. Alicia estaba en una reunión cuando su asistente la interrumpió, pese a que le había advertido que no lo hiciera. Su voz estaba agitada, acelerada. “¡Es el señor De la Renta!”. Al pasar al teléfono la pregunta de él desde el otro lado fue: “¿Puede usted venir a Nueva York el viernes?”. Era un lunes. La reserva estaba hecha en minutos.

En Nueva York, Alicia encontró a un hombre muy apuesto. Mucho para su expectativa. Grande y musculoso. De rostro bronceado, bien vestido. Zapatos elegantes, no llevaba medias. Su insistencia pudo más que el “no” que le dijo el asistente de relaciones públicas. De la Renta volteó, miró a su asistente, le preguntó cómo estaba su agenda en agosto. “Resérvame dos días en Medellín”, dijo pese al rechazo inicial de su equipo.

Parecía que lo había conseguido. Alicia regresó encantada, pero la emoción se esfumó cuando De la Renta la llamó una semana antes de la feria: la esposa le había dicho que si estaba loco. “¿Medellín?”. Cancelado.

Alicia actuó de inmediato, llamó al alcalde Juan Gómez Martínez y le pidió que intermediara, no podía dejar que ese imposible se materializara. La llamada hizo efecto, De la Renta estaría en la ciudad los días siguientes.

Una vez colgaron, Alicia llamó a un empresario de la ciudad y le solicitó que le prestara su avión privado para recoger al diseñador en Nueva York, traerlo a Medellín y regresarlo a su ciudad. Y lo logró. De la Renta, uno de los diseñadores más afamados del mundo, estuvo en la ciudad. Así era el talante de Alicia.

“Esa capacidad de soñar”

Julián Posada, quien la acompañó durante muchos años en Inexmoda, recuerda de Alicia su capacidad para hacer reales unas utopías que nadie creía posibles. “Me tocó verla llorar siete millones de veces por cosas grandes pero también por cosas chiquitas. Ella, con su equipo, puso a esta ciudad a soñar alrededor de un montón de posibilidades en una época en la que no creíamos que fueran posibles”.

Era desbocada y atrevida. Su capacidad de imaginar imposibles la llevaron a crear una de las ferias de moda más importantes de Latinoamérica. EL COLOMBIANO Ejemplar se lo reconoció en 2002, en la categoría Turismo – Persona.

Luego la energía la mantuvo para sembrar la semilla de Expoartesano, evento al que dirigió por tres años, entre 2014 y 2017, y al final de su trayectoria consiguió crear Sabores ancestrales. Moda, artesanías y gastronomía, tres de sus pasiones.

Con Alicia, Julián Posada compartió infinidad de momentos, los buenos y los malos. Le tocó padecer de todo, hasta lo mala cantante que es, y que ella reconoce. El apodo con que la conoce su círculo más íntimo es “la ronca de plomo”. Posada dice que sigue siendo un piropo, “lo peor como cantante”. Y ella goza con ese detalle.

Martha Cálad, excolaboradora de Alicia en Inexmoda, destaca de ella su solidaridad y su empatía con la ciudad y con todos quienes la rodeaban. “Una mujer comprensiva, que siempre estuvo para acompañarnos y apoyarnos. Me enseñó mucho”. A ella también le tocó sufrirla como cantante, sobre todo cuando sacaba las letras de sus canciones favoritas, My Way y New York New York, de Frank Sinatra.

Hace dos años que Alicia está retirada. Sigue mirando a Medellín con nostalgia y a veces le entran las ganas de querer hacer algo más, pero se contiene: ya hizo suficiente. La ciudad se lo agradece..

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