Oriana Valentina Vélez

Oriana Valentina Vélez

Infantil

Oriana es mente y corazón

Un oso de peluche grande adorna su cama. Las medallas, que dan cuenta de sus triunfos deportivos, penden de una pared. Así, sin lujos, pero en un ambiente que irradia energía positiva, en un sector comercial de Popayán, vive Oriana Valentina Vélez.

Es delgada, de cabello largo y lacio, y ojos negros. Tiene 12 años, espíritu de investigación y un corazón grande. Juega tenis y baloncesto con la selección infantil del Cauca. Cursa el séptimo grado en el Colegio San José de Tarbes, de Popayán, donde sobresale por su liderazgo y rendimiento académico.

Cuenta su papá, Ricardo Neftalí, docente, que su hija, cuyo nombre fue en honor a la escritora y periodista italiana Oriana Fallaci, nació con problemas respiratorios. Jamás pensaron que podría ser deportista, pero con el tiempo, y gracias a la dedicación, descubrieron en ella muchos talentos.

Con esfuerzo económico sus padres (la mamá, Rosa Nidia Ávila, es bibliotecóloga) la matricularon en el San José de Tarbes y valió la pena. Las calificaciones daban cuenta de una alumna que, además de disciplinada, siempre iba adelante con sus notas. “Al principio era tímida, pero luego se tomó confianza. Es excelente en todos los sentidos, siempre irradia alegría, es educada, sencilla, cariñosa y delicada”, destaca la madre Laura Sánchez.

Hace dos años, Oriana fundó en el colegio el Club de Ciencias, con el que lideró varios proyectos de investigación. Uno de ellos, un estudio comparativo de las basuras del sector rural y urbano, financiado por Colciencias, certifica su papá.

Esa experiencia le permitió participar en calidad de expositora en un encuentro de universidades del Cauca de la que salió aplaudida.

En sus visitas a la vereda Guadualito, del municipio de Balboa, Cauca, una zona de población afrocolombiana y complejo orden público por la presencia de grupos al margen de la ley, a donde iba a recolectar información para su trabajo, se convirtió en un ángel para muchos pobladores.

En el colegio hacía campañas para recoger mercado y ropa, y cuando terminó la investigación le pidió a su padre regresar a esa comunidad. “Vi tanta pobreza allí que me puse la meta de ayudar. La gente es feliz con cosas que para otros parecen insignificantes”. Los ojos de Oriana se iluminan al hablar de esa población.

En su habitación, además de una colección de barbies, en un armario tiene pegados los mensajes de sus amigas y familiares. Escucha música pop, le encanta navegar en internet, ver los partidos de la NBA y leer los libros que su mamá le lleva. Su meta, dice, es ser médica para poder investigar y seguir ayudando a los más necesitados.