Camilo Villegas le juega a la disciplina

Camilo Villegas le juega a la disciplina

• El golfista colombiano cumple destaca campaña en el Tour de la PGA
• Es de los pocos latinoamericanos que juegan en este cerrado mundo
• Villegas es producto de la disciplina, la entrega y la educación
El secreto de Camilo Villegas es haber sabido aprovechar las oportunidades.
Y esto es lo que suele suceder con los grandes campeones de verdad, de esos que saben estar parados sobre bases firmes, y no sembrados sobre pies de barro.
Para que Camilo hubiera llegado al mágico mundo del golf, se hizo necesario que se presentara una confabulación cósmica, esa que tienen los divinamente escogidos.
Todo fue producto de un equipo que sin saber lo que acontecería más adelante, aportó para que el muchacho de 26 años arribara a las Grandes Ligas de un deporte en el que figura como único colombiano dentro del cerrado mundo de la Asociación Profesional del Golf -PGA-.
Los papás, Luz Marina Restrepo y Fernando Villegas, lo apoyaron en el momento justo. A los 6 años y medio arribó a los campos del Club Campestre para ser moldeado por las manos sabias del profesor Rogelio González.

Esos padres de Camilo tuvieron toda la paciencia y el amor de respaldarlo a raja tabla, para que el imberbe jugador hiciera sus pinos en los campos verdes de El Poblado.
Otro que aportó mucho fue el colegio Columbus School, en el que Camilo recibió permisos especiales, sobre todo en los años finales del bachillerato, para disputar torneos por fuera de Medellín, entre jueves y domingo. Ahí estuvo parte de la clave, porque incluso las compañeras del plantel le prestaban los cuadernos para que se desatrasara a tiempo.

Rendimiento ante todo

“Siempre en nuestra casa existió una política que se convirtió en norma: tanto Camilo como Manuel, su hermano”, recuerda Luz Marina, quien goza con los éxitos de su hijo en el Tour de la PGA, al que llegan muy pocos latinoamericanos. “Supieron que si rendían en el colegio podrían estar metidos en el golf. Camilo nunca perdió ni una sola materia ni en el colegio ni en la universidad en los Estados Unidos. El propósito no era que ellos fueran campeones de este deporte, pero esta herramienta fue de notable ayuda”, agrega.
Otro punto considerado importante en esta mixtura de propósitos impensados, fue el apoyo de la Federación Colombiana de Golf, que le brindó a Villegas Restrepo la oportunidad de jugar en torneos del exterior desde que estaba niño.
El hoy clasificado 58 en el listado de la PGA, lo que la da la visa por el momento para disputar el Match Play, a finales de este mes, jugó torneos internacionales desde que estaba niño.
Camilo se acostumbró al público, a la presión de los resultados y el primer triunfo que obtuvo en Argentina como prejuvenil lo proyectó hacia la fama internacional.
Lo otro fue conseguir una beca, lo mismo que su hermano, en la Universidad de La Florida, donde inicialmente obtuvo el 50 por ciento y después más del 80, para aprender de los negocios internacionales, a la vez de sembrar bases seguras para el camino hacia el estrellato.
Sus padres trabajaron muy duro entre el 2002 y el 2006 para que los hijos pudieran terminar sus estudios en Estados Unidos, hasta que se llegó el momento cumbre: “Camilo, hijo, de ahora en adelante toda la responsabilidad es tuya”, le dijo su mamá Luz Marina el día que le pagó algo por última vez: una parte del arriendo en La Florida.
Y desde esa ocasión, el único golfista colombiano que juega en el Tour de la PGA se ha dedicado a rebuscársela por sus propios medios, convirtiéndose en un ejemplo de constancia, disciplina y entrega, para dejar muy en el alto los colores del país en los principales torneos golfísticos de Estados Unidos y en otros del mundo -caso Tokai Classic en Japón, que ganó el año pasado-.
“El día del grado le di el último dinero. Todo, ahora, es por su propio esfuerzo y dedicación. Como padres, Fernando y yo, nos sentimos súper orgullosos de lo que ha alcanzado Camilo con base en su dedicación y voluntad”, destaca la mamá del aventajado golfista quien está inscrito dentro de un proceso de maduración en una disciplina que requiere trabajo y voluntad, en la que además hay que tener una mente fuerte, la cual construyó desde que era un niño, para poder disfrutar de las oportunidades que Dios le dio.