Amaranto Perea nació para triunfar

Amaranto Perea nació para triunfar

• Antes de ganarse un nombre en el fútbol vendió helados y vivió en el barrio Moravia.
Hablar de Luis Amaranto Perea es hacerlo de un ejemplo único de superación. Porque ese joven que un día se aburrió de las bananeras en el Urabá antioqueño y se embarcó en un bus de Goméz Hernández, durante 11 horas entre Turbo y Medellín, a buscar fortuna en la capital paisa es hoy uno de los jugadores reconocidos del Atlético de Madrid de España.
Con su figura atlética, comportamiento de señor, capacidad deportiva y mente soñadora, Perea hace rato que se convirtió en un Colombiano Ejemplar. Porque desde que se dio a conocer en el Independiente Medellín del 2000 con Víctor Luna mostró que tenía con qué convertirse en uno de los mejores jugadores de este país.
Este joven que hizo sus primeros pinitos en los equipos Cristal Caldas e Italia de Turbo y se mostró oficialmente en el Palacio de las Novias, no se cansa de agradecerle a Dios “por todas las bendiciones que me ha brindado porque con su ayuda y mi capacidad he conseguido cosas importantes”.
A sus 26 años de edad conserva la humildad que se le conoció en 1998 cuando vendía helados en la capital paisa y así los dirigentes del onceno colchonero aseguren que sus derechos cuestan 30 millones de euros (unos 100.000 millones de pesos), Amaranto no ha cambiado y mantiene esa personalidad firme que lo llevó a ser campeón con el Poderoso en el 2002 y le sirvió para ser figura de la Copa Libertadores del 2003 y generar el interés del argentino Boca Juniors cuando estaba Carlos Bianchi, el mismo que hoy lo dirige.
Sus 1.81 metros de estatura, velocidad, seguridad en la marca, capacidad para jugar de central o lateral y la responsabilidad que muestra en cada compromiso fueron los argumentos que exhibió Perea en el cuadro xeneize y los que ha mostrado en el Atlético español, onceno en el que tiene contrato hasta el 2009, cumple su segunda temporada y el que le podría servir de plataforma para llegar al Milán de Italia o al mismo Real Madrid, equipos interesados últimamente en sus servicios.
“Mi sueño era jugar en Europa y ya estoy en España, pero ahora mi responsabilidad es mantenerme porque si hago las cosas bien podrán llegar más colombianos. Con Carlos Bianchi me siento muy bien porque conozco su manera de trabajar, ojalá hagamos una buena temporada”, comentó Perea cuando estuvo con Colombia en los últimos juegos de la eliminatoria.
Tantos elogios y logros no han “mareado” a Luis. Al contrario, lo han revitalizado y lo han puesto más señor, porque él sabe de lo que significa para sus cuatro hermanos, su papá Amaranto, su madre Feliciana, su hijo Juan David y su esposa Digna Luz Murillo, quien es atleta y representó a Colombia en los pasados Juegos Olímpicos de Atenas-2004.

Deportista ejemplar

Con los progresos del actual defensor del Atlético de Madrid han sido muchos los que se han beneficiado. El primero fue el mismo jugador, después su familia, luego Independiente Medellín y Boca Juniors, y finalmente los niños de la escuela de fútbol de Currulao, corregimiento de Turbo.
Según Amaranto Perea Pestaña (padre de Luis), allí hay 160 niños que año tras año reciben indumentaria e implementación de parte de su hijo. La escuelita se llama Leo y participa en los distintos torneos regionales, gracias al esfuerzo de su director y a la colaboración que recibe del deportista antioqueño.
“Lucho cada año viene por acá y le colabora a los niños con muchas cosas, pero no sólo su gratitud y generosidad me mantiene orgulloso, es su personalidad y caballerosidad, porque mi hijo sigue siendo humilde y el mismo que un día se fue a buscar otros rumbos a Medellín, vivió en Moravia y tuvo que vender helados para sobresalir. Yo le doy gracias a Dios por todas las bendiciones que le ha dado a Lucho, aunque también considero que él nació para triunfar”, anotó Perea Pestaña.
Amaranto, el padre, quien tiene un programa deportivo en Currulao, se mantiene orgulloso y recalca que desde que a su hijo le comenzó a ir bien les cambió la vida positivamente porque él siempre se acuerda de su pueblo.
“Cuando quedó campeón con Boca Juniors de Argentina la población lo recibió en el aeropuerto de Carepa y lo trajo en caravana hasta Currulao, algo que nunca se había visto acá. Ganarse el Colombiano Ejemplar es otra bendición del Creador porque es una distinción para las personalidades del país. Tener un hijo como Luis es y será un orgullo pero también amerita un grado alto de responsabilidad; Aunque es un afortunado, lo más lindo de todo es que mi hijo sabe que todavía no ha llegado a la cúspide y por eso sigue luchando para representar bien al país”, remató Amaranto Perea Pestaña.