Pensamiento complejo y de alto vuelo

Pensamiento complejo y de alto vuelo

• Gaviotas es un centro de investigaciones en desarrollo sustentable.
Gaviotas es un centro de investigaciones en temas de desarrollo sustentable. Si hay que hablar de un lugar geográfico, digamos que Gaviotas está situado en el centro de la Orinoquia, en jurisdicción del departamento de Vichada.
Fundado y dirigido por Paolo Lugari, un hombre que no cree importante hablar de él mismo, sino de ese proyecto vital, Gaviota produce calentadores de agua a base de energía solar, molinos de viento, arietes hidráulicos, bombas de camisa para extracción de agua de pozos profundos, turbinas hidráulicas para generación de electricidad, entre otros elementos; asimismo, algunos compuestos químicos como colofonia y trementina, y hasta tiene un vivero de pinos tropicales y embotella agua y produce jugos de frutas. En fin, una variada producción que, por una parte, le permiten financiarse, y, por otra, demostrar que la producción limpia y sustentable no riñe con el desarrollo.
Con todo, su director sostiene que Gaviotas es más bien un proyecto filosófico. Esa verdad de a puño, que muchos repiten pero que pocos sienten y, menos, hacen algo para resolverla, de que el subdesarrollo de los pueblos reside en sus mentes, es la misma que menciona Pablo Lugari cuando advierte -retomando palabras de otro investigador-, que en Colombia debería ser imposible la pobreza y, sin embargo, ésta es dominante. Debería ser imposible, si nos detenemos a observar sus características geográficas y la abundancia de recursos naturales.
Explica que el modelo de desarrollo europeo fue trasplantado sin mayor esfuerzo por los norteamericanos, porque sus territorios ocupan latitudes terrestres semejantes. Ambos están al norte de la zona tropical.
Gran parte de la pobreza del mundo está situada, precisamente, en la zona tropical -en ella Colombia-, debido a que se ha pretendido implementar el modelo de desarrollo europeo. En Gaviotas, en el corazón de la Orinoquia, él sembró hace unos 30 años un bosque de pinos tropicales -diferentes, claro está, de los pinos canadienses como los que suelen cultivarse en nuestro medio-, de los cuales el 90% resultó ser de la Amazonia y, en cuatro años había una selva en pleno llano.
Unos 200 técnicos extraen de la corteza de los pinos, sin talarlos, resinas como la colofonia, materia prima en fabricación de pinturas. También producen biodiesel, a partir de la palma, una alternativa de combustible que remplace los derivados del petróleo. Del subsuelo, extraen y embotellan agua.
Se trata de no agotar la naturaleza, sino de producir y extraer lo que ella es capaz de reparar. “Cuando hacemos realidad una utopía, inventamos otra”, afirma.