Este Carnaval que suda es alegría

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Este Carnaval que suda es alegría

• La de Barranquilla es quizá la fiesta de folclórica más importante del país.
Una vez al año, los arroyos que bajan por las calles de Barranquilla no son de agua, sino de gente. Y bajan bailando y gozando, pues esta es la única manera de vivir el Carnaval.
Comparsas, marimondas, monocucos al ritmo de la cumbia y la danza del congo… Alegría que se desborda y se sube a los palcos y se baja otra vez a las calles y se mete entre los barranquilleros, propios y extraños que se gozan la que es considerada por muchos como la fiesta folclórico cultural más importante del país.
“Esto son como cuatro días de vacaciones del mundo, de la realidad”, dice Hugo Díaz Granados, enfundado en su disfraz de Joselito el paco paco.
Pero todo el año se siente el ambiente de Carnaval y todo el mundo invita a gozárcelo. “Tiene que ver esta ciudad cuando estamos en fiestas. A uno no le dan sino ganas de bailar”, dice el taxista barranquillero Henry Brujes a manera de bienvenida.
Cuenta además María Cecilia Donado, la Chechi, que “esta es la fiesta folclórico cultural más importante de este país. Porque es muy rica culturalmente, ya que se nutre de las influencias indígenas, africanas y españolas”.
La Chechi es la directora de la Fundación Carnaval de Barranquilla, responsable de organizar este relajo festivo en que el caribe colombiano celebra con el mundo con toda su pasión.

Hace años ya

La primera Batalla de Flores, uno de esos momentos tradicionales del Carnaval, fue en 1903 Pero éste tiene sus orígenes en la fiesta de la Candelaria en Cartagena, hace ya muchos años, incluso, sus raíces se extienden más de dos siglos atrás.
Bajó por el Magdalena nutriéndose de las diferentes manifestaciones de los pueblos del caribe colombiano y se instaló en Barranquilla. “Porque esta es la casa de todos, hecha para celebrar las fiestas. Como el compadre que invita al matrimonio de una hija y la gente va y se arma una fiesta que nunca se acaba”, asegura el nuevo rey Momo, Armando Zambrano, que lleva por la sangre el espíritu del carnaval, así como lo hace su cumbiamba.
“Es una pasión que vivimos todos los barranquilleros. Desde que nacemos estamos oyendo del Carnaval, palpando su importancia”, afirma la Chechi. Tanta es que en 2001 lo nombraron patrimonio de la Nación y en 2003, la Unesco la reconoció como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Solo 47 manifestaciones en el mundo tienen esta distinción.

Ejemplar

El Carnaval de Barranquilla es una muestra del colombiano caribeño, con su desorden y sus sofás rojos en la puerta recibiendo el fresco de la tarde. Pero es también, como lo define la Chechi, un ejemplo de convivencia, de paz, “porque en el carnaval no hay distingos y la gente se mezcla, baila y goza junta”.
Su alegría, que llega se revienta con la lectura del bando cada 21 de enero, es un imán para el turista, para que el mundo de una vuelta por la Arenosa y se contagie, para que termine bailando en la vía cuarenta, brindando con los artistas y los espectadores.
Al final, ese martes fatídico de carnaval, los barranquilleros lloran a Joselito y lo llevan a enterrar en medio de una parranda que presagia la fiesta que volverá.