Cenicafé

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Ciencia y Tecnología | Institución

El conocimiento detrás de una taza de café

Una producción ágil y eficiente, una cosecha resistente a plagas y enfermedades como la roya, y un grano de gran calidad son algunas de las características de la Variedad Castillo, un producto que, luego de muchísimos años de investigación, ha desarrollado Cenicafé.

En un país cafetero por excelencia como es Colombia, la investigación y el desarrollo de tecnología en los procesos de producción del café son fundamentales. Esta es la tarea que lleva a cabo El Centro de Investigación de Café, Cenicafé, un instituto amparado por la Federación Nacional de Cafeteros, que desde 1927 trabaja por el desarrollo de cientos de proyectos de experimentación en todas las áreas del conocimiento relacionadas con la caficultura: desde los estudios genéticos para obtener nuevas variedades hasta la investigación sobre la industrialización del café, dirigida a favorecer a los consumidores de la bebida más suave del mundo.

“Nuestra labor está encaminada a producir conocimiento alrededor de lo que es la planta y el cultivo, conocer las condiciones de suelo, hacer las investigaciones en clima, estudiar procesos de la cosecha y la poscosecha y, obviamente, poder transmitir toda la información obtenida al gremio de los caficultores”, explica el director de Cenicafé, Fernando Gast Harders, quien hace poco más de un año está a la cabeza de este núcleo de la investigación agrícola.

Cenicafé es un centro de carácter nacional que, en principio, trabaja desde la región cafetera. Su estación de investigación principal se encuentra ubicada en Chinchiná, Caldas y, además, actúa desde ocho estaciones experimentales que van desde Puerto Bello en el Cesar, hasta El Tambo en el Cauca, puntos estratégicos que representan y cubren los sectores cafeteros de toda la geografía del país.

“Trabajar en Cenicafé es todo un privilegio”, cuenta Gast Harders, y en eso está de acuerdo la gran mayoría de sus empleados que encuentran el ambiente perfecto para realizar toda su labor de investigación y un paisaje natural excepcional, en medio de un bosque de guadua, pájaros y cafetales.

En Cenicafé, dice el mismo director, “los patrones son nuestros campesinos”; esos que todos los días están al frente de su cultivo, sudando y trabajando, beneficiando a la economía del país.

A la entrada del auditorio de este centro, en donde se han reunido, presidentes, ministros y empresarios, se encuentran muy bien enmarcadas varias fotos de los caficultores, retratos humildes en los que se pueden apreciar las marcas de una labor ardua. Un reconocimiento merecido, porque es el campesino para quien finalmente se trabaja, es quien utiliza el conocimiento producido por este centro de investigación. “Si uno mira la estructura caficultora colombiana, ve que la mayoría de los caficultores, casi el 95 por ciento tienen menos de cinco hectáreas. Estamos hablando que el Centro tiene que abordar temas muy complejos en investigación y elaborar productos completos basados en buena ciencia que garanticen una buena producción”, agrega el director.

Por ello se han desarrollado sistemas con tecnologías sencillas para facilitar y optimizar el proceso de producción, por ejemplo, los secadores o túneles solares, sistemas que el campesino pueden construir por sus propios medios. Otra de las prioridades de Cenicafé es el control de plagas, como la broca, un proceso en el que se evita el uso de pesticidas y se le da prioridad al combate natural a través de hongos e insectos. El estudio del genoma del café es otra de las investigaciones que adelanta el Centro, con miras a estudiar y construir el mapa estructural del café, así como las enfermedades y plagas que pueden atacarlo.

Un reconocimiento a la investigación como uno de los grandes impulsadores de la agricultura de nuestro país.