La cultura como vocación

La cultura como vocación

Heriberto Fiorillo
Escritor y periodista
Barranquilla

A los cuatro años, Heriberto jugaba a ser voceador de periódicos: tomaba los ejemplares de La Prensa, que su abuela y padre leían juiciosamente, se los ponía debajo del brazo y salía gritando las noticias por toda la casa. Entonces su madre intentaba dormirlo contándole historias, pero estas le gustaban tanto que le pedía más y en ocasiones era ella la que, de cansancio, se dormía primero. Esos fueron sus primeros contactos con las letras. “Después, como lector y escucha pude distinguir entre las narraciones verídicas y las inventadas. Ambas, sin duda, activaron mi imaginación”. De grande se hizo periodista y escritor.

Nació en Barranquilla, y después de vivir 25 años por fuera, regresó para fundar y asumir, desde 2002, la dirección de la Fundación La Cueva, que organiza, entre otros, el Carnaval Internacional de las Artes, y que ha sido refugio de intelectuales. Antes de ser fundación, en ese bar era donde se reunía el Grupo de Barranquilla, del que hicieron parte Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón y Alfonso Fuenmayor.

La escritura lo ha acompañado en sus labores. “Desde muy joven opté por vivir de lo que escribía. Primero fue la crónica escrita y luego la televisada, con imágenes sobre la hipótesis estructural de la primera. El cine y las novelas llegaron para enseñarnos y prestarnos sus espacios y técnicas narrativas”, recuerda Heriberto sobre su enfoque profesional.

Es autor de Arde Raúl, La Cueva, Nada es mentira, Cantar mi pena, La mejor vida que tuve y otros libros de periodismo literario. También ha escrito y dirigido tres películas, Aroma de muerte, Amores ilícitos y Ay, Carnaval.

Al cine llegó por su padre, con el que descubrió otras formas de contar historias, “ya no estimulando imágenes en la audiencia, como la prensa y la radio, sino narrando con imágenes que suenan y se mueven”. Sus trabajos audiovisuales le han dado cuatro premios nacionales de televisión y otra media docena de reconocimientos periodísticos.

Está convencido de que las nuevas tecnologías transforman el oficio, a la vez que ratifica que el buen periodismo vivirá siempre “en la medida en que es el único que busca y entrega la verdad, o las verdades, si es el caso”.

A una persona ejemplar la define como alguien digna de imitar, “que hace algo encomiable o que realiza un oficio de modo sobresaliente para su comunidad”. Heriberto no cumplió el sueño de ser un voceador de prensa ejemplar, aunque no se fue muy lejos de los periódicos: se convirtió en periodista, escritor y cineasta ejemplar.