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Comunidad Wayúu Curarí
Líder: Reinaldo López
La Guajira

Los integrantes de la Comunidad Wayúu no conocen el significado de las fronteras: provienen de unas mismas raíces ancestrales que se fueron expandiendo en la península desértica de Colombia y Venezuela, esa que está bañada por el mar Caribe y que comparten el departamento de La Guajira y el estado de Zulia. Están agrupados en más de 30 clanes y la población que corresponde a Colombia es de unas 380.000 personas, de acuerdo con el Dane.

Uno de los clanes es la Comunidad Wayúu Curarí, que se ha vuelto ejemplo de solidaridad con sus congéneres venezolanos, quienes viven también la situación social, política y económica que ha hecho que más de cuatro millones de personas, desde finales de 2015, hayan dejado Venezuela, según datos recientes de la Organización de las Naciones Unidas.

Migración Colombia asegura que cerca de 1,4 millones han encontrado refugio en el país y, de ese porcentaje, los Curarí han recibido a unas 50 familias indígenas. Un número significativo si se tiene en cuenta la escasez de recursos de ese territorio debido a su clima seco y condiciones inhóspitas.

“Lo hacemos porque sencillamente somos humanos y estamos en un mundo que es rotante. Hoy podemos estar muy bien, pero mañana no sabemos, por eso entendemos la solidaridad como un acto que se caracteriza por tener el sentido de colaboración mutua sin tener la espera de recibir algo de recompensa”, dice Reinaldo López, líder de la comunidad.

Para ellos, lo que sucede es que una familia está retornando a su lugar de origen y por eso deben acogerlos con el abrazo fraterno. La comunidad sabe que muchos de los que hoy regresan son colombianos que un día buscaron mejores destinos del otro lado, pero que, años después, han tenido que volver. Les dan una mano con techo, alimentación y los integran a la vida diaria, a las labores de huerta, ganado y tareas de la ranchería.

El líder describe la comunidad como personas que evitan el egoísmo, las diferencias, la desunión y el individualismo para desarrollar prácticas como la colaboración y el apoyo entre unos y otros, sabiendo que se pueden superar sus necesidades de manera colectiva, que a la larga es la mejor forma de sobrevivir en un lugar, más cuando los recursos son limitados, precisa Reinaldo.

“Este grupo de familiares y hermanos es ejemplar porque somos personas que aprendimos que la convivencia es un valor fundamental para hacer tejido social, que nos posibilita estar unidos, suplir las necesidades, ayudarnos mutuamente y cultivar espíritus sanos que prioricen la solidaridad”.