Una voz que reconoce y eleva la dignidad de la cultura indígena

Una voz que reconoce y eleva la dignidad de la cultura indígena

En el desarrollo de los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc en Cuba, y en su condición de embajador del país en ese territorio, Gustavo Bell conversaba con los miembros del equipo negociador acerca del interés de organizar unas rondas por las diferentes regiones para hacer pedagogía sobre el proceso que se adelantaba.
Sus compañeros querían incluir en la estrategia las voces de personas que tuvieran incidencia en sus comunidades, así que les dijo: “Quiero que entrevisten a una persona excepcional y que la incorporen a esas conversaciones”.
A Bell le sorprendió que pocos o tal vez ninguno de sus compañeros de equipo conocieran a Weildler Guerra Curvelo.
El exembajador –ocupó el cargo en Cuba de 2011 a 2017–, y quien antes se había desempeñado como vicepresidente de la República (en el gobierno de Andrés Pastrana, de 1998 a 2002), les puso ese nombre sobre la mesa y lo recomendó así: “Weildler tiene el poder sanatorio de la palabra para zanjar las diferencias entre las personas, por su capacidad de síntesis y de comprensión. Él encarna lo más solidario, justo, equitativo e incluyente y reconoce la dignidad de todos los seres humanos, independientemente de su cultura o de su región, quizás más que ninguna otra voz”.
Alguna vez, y en un viaje que le genera envidia a Jaime Abello, actual director de la Fundación Gabo y amigo personal de Weildler, Gustavo Bell tuvo el placer de compartir un recorrido por La Guajira junto a Guerra Curvelo, una experiencia inmersiva inigualable en la que el exvicepresidente pudo adentrarse en las costumbres y tradiciones de cultura wayúu junto a uno de los antropólogos que mejor la conoce.

“UN INTELECTUAL CARIBE”

Guerra Curvelo es guajiro, de Riohacha. Su bagaje académico incluye un pregrado, una maestría y un doctorado, todo en antropología y en la Universidad de los Andes, e innumerables investigaciones, ensayos, escritos, cinco libros, entre otras producciones científicas y literarias en las que la cultura indígena, no solo la wayúu, son protagonistas.
En lo laboral ha transitado por el Banco de la República como gerente de la sucursal de su ciudad natal, del centro cultural en San Andrés y en la actualidad es asesor cultural en la sede de Barranquilla.
Además fue director ejecutivo del Observatorio del Caribe Colombiano 2004-2007, secretario de Asuntos Indígenas de La Guajira, fiscal del Cabildo Indígena Wayúu de Carrizal, en el municipio de Uribia, y entre 2017 y 2018 fue gobernador encargado de su departamento.
También es el esposo desde hace 36 años de Natividad López (Tivi, para sus más allegados) y el papá de Carlos Manuel, Pablo Andrés y Camilo José (ya fallecido).
Junto a Tivi creó en pandemia un blog llamado “Cocina Guajira Dominical”, en el que mezclan la pasión culinaria conjunta que ambos tienen con sus raíces indígenas de los wayúu y los guajiros en general. A los escritos Weildler les suma sus saberes antropológicos, narrando el origen del plato que prepararon y de las comunidades que lo crearon.
Solo ha habido un domingo, en el último año, en que no pudieron cumplir con su publicación, el resto los lectores se han deleitado con unas preparaciones únicas que tienen el toque de Tivi y Weildler.

Jaime Abello lo conoció cuando hacía parte de la Junta Directiva del Observatorio del Caribe Colombiano y Weildler era el director. Juntos, además de compartir espacios en los que conversan sobre el mestizaje y la historia de la región, tuvieron la fortuna de disfrutar encuentros con Gabriel García Márquez.
Una noche en la que Gabo tuvo la dicha de disfrutar de “un despliegue culinario guajiro increíble” a cargo de Tivi, Weildler le regaló un bastón de palabrero, de lo cual quedó evidencia en un registro fotográfico que Abello dice guardar aunque no recuerda en dónde. Una réplica de ese bastón reposa en la sala de Weilder, quien vive ahora en Barranquilla.
A los dos les consta que a Gabo también los sorprendió la integridad que emanaba Weildler en su personalidad, una mezcla de intelectualidad y don de gentes que pocas veces había visto en un ser.


“Es un hombre encantador al que le envidio que al mismo tiempo es investigador, pensador, creador, gestor y a quien además le ha tocado asumir responsabilidades políticas, aunque no creo que tenga alma de político. Es un servidor cultural y conocer de la cultura wayúu y guajira, un líder intelectual”, sostiene Abello.
Un hombre honesto, agrega Tivi, que no quebranta sus valores y cuyos principios los tiene muy claros desde que lo conoció: la lealtad, la transparencia y una dedicación única por su cultura y sus costumbres.
Una de sus luchas más recientes ha sido la de defender la ciudadanía indígena. Hace poco lo indignó un titular de prensa: “Enfrentamientos entre ciudadanos e indígenas en Cali”, y le parece insólito que en el país existan categorías opuestas: que aún perviva la cultura colonial. “Los derechos de los pueblos indígenas no están en guetos o restringidos”.
Weildler insiste y persiste. Su origen se lo reclama. Y él, desde las herramientas que ha tenido disponibles, ha procurado mantener vigente su mensaje.