Limpiar el río como una materia del colegio

Limpiar el río como una materia del colegio

La invitación que Hammes les hizo a los estudiantes de noveno grado era muy atractiva: “Vengan a capar clase, pero con sentido”. Por supuesto que no era una incitación a la indisciplina, al contrario se trataba de que le dedicaran un rato de su jornada académica a una actividad quizás no tan apetecible –meterse en unas aguas sucias y contaminadas– pero que con el tiempo les quedaría gustando: limpiar el cauce del río Fucha, el cual había sido víctima durante mucho tiempo del descuido y el abandono de la comunidad y de las autoridades oficiales.

Al inicio este docente, quien llegó en 2010 al colegio José Félix de Restrepo, en la localidad de San Cristóbal, suroriente de Bogotá, pensó en hacer la actividad para conmemorar tres ocasiones en el año: los días del Agua y la Tierra, y durante la semana ambiental que se organizaba en la institución, pero la acogida que fue teniendo, primero por parte de los estudiantes de casi todos los grados y luego por docentes, padres de familia, vecinos y demás miembros de su comunidad, lo fueron alentando a construir un proyecto más ambicioso.

Tanto lo ha sido que hoy, poco más de una década después, los primeros dos kilómetros del cauce, de un total de 12.4 que tiene en su extensión el Fucha hasta que sus aguas se mezclan con las del río Bogotá, están descontaminados y es evidente el contraste con el resto del trayecto, en un panorama que a Hammes le causa dolor, pero también un deseo de prolongar su mensaje a los habitantes de las localidades que sus aguas recorren.

¿Cómo lo ha hecho?

Hammes es licenciado en ciencias naturales, tecnólogo en electrónica e ingeniero en control electrónico con magíster en comunicaciones, entre otros estudios, pero desde 2010 su mayor orgullo lo ha construido junto a la comunidad de San Cristóbal, la cual no la ha tenido fácil en su convivencia, con muchas problemáticas sociales que se reflejaban en el aspecto que tenía el río Fucha. Este nace en los cerros orientales de Bogotá, pocos metros arriba de la jurisdicción de San Cristóbal.

Como habitante de la zona, Hammes ya había tomado acciones por su cuenta tiempo antes de convertirse en docente del José Félix de Restrepo y junto a un grupo de amigos había organizado uno de los parques del barrio Restrepo.

Con esa experiencia previa pensó: “¿Por qué no aprovechar el potencial que tienen los chicos y transformar esa energía negativa en algo que los empodere de su territorio?”.
Era cambiarles la cara al río y a los jóvenes, muchos de ellos con un historial de indisciplina que pretendía revertir. “Si así se trataban entre sí, así mismo trataban al río y su barrio. La idea era modificar eso”, señala.

Invitó a sus estudiantes de noveno grado a, literalmente, meterse en la basura. Abastecidos de guantes, botas, tapabocas y bolsas, comenzaron con el servicio social con el permiso de las autoridades del colegio, quienes le dieron la derecha al profesor: “Hágale, hágale, sáquelos, vaya”.

El proyecto se fue fortaleciendo, se sumaron más grados y se institucionalizó que todos los miércoles se les dictaban las capacitaciones teóricas y los sábados, ¡al agua!, con el resultado de que “el ruido comenzó a bajar y la convivencia mejoró”. Los jóvenes se sentían importantes para su comunidad.

El proyecto hizo ruido

La iniciativa de Hammes fue trascendiendo territorios y obtuvo eco en otras zonas y entre las autoridades ambientales de la ciudad. Entonces el Jardín Botánico se sumó y le suministró árboles, aromáticas (que incluso algunas personas comenzaron a robarlas pero volvían y sembraban más) y plantas ornamentales que absorbían nitrógeno; así, si alguien las orinaba –una de tantas malas prácticas que extraños solían tener en los alrededores del cauce– estas florecían.

Programa del docente Hammes Reinel Garavito del colegio José Felix Restrepo, ganador del Colombiano Ejemplar 2021. Foto: Edwin Bustamante Restrepo

El proyecto tomó el nombre de “Ecologismo colectivo”, que en palabras de Hammes era “convivir en armonía con el ambiente y la sociedad”. A la causa se fue sumando más y más gente, la Secretaría de Medio Ambiente de Bogotá aportó capacitaciones, organizaciones civiles brindaron materiales, otras comida para las jornadas de recolección y limpieza.

Hasta antes de la pandemia, que hizo que momentáneamente se suspendieran las jornadas ambientales, se habían sembrado 5.008 árboles, la mayoría gracias a donaciones hechas por particulares, pero para suplir esa necesidad hoy el proyecto cuenta con su semillero de plantas nativas, que llevan adelante los niños de primaria en unas huertas y que luego son llevadas al cauce del río Fucha.

“La idea con los más chiquitines es ir generando empatía con el río. Luego los llevamos a hacer unos recorridos en los que les hablamos de la importancia de cuidarlo y protegerlo, de ese modo cuando sean más grandes no lo van a ver como un extraño”, señala Hammes, mientras que para los más grandes cuentan con “Hagamos la paz con el territorio”, una iniciativa en la que a través de actividades como yoga, manualidades, entre otras, se comparten la esperanza de un mejor territorio para todos.

“La educación es la herramienta más poderosa que transforma al mundo. Cuando yo llego al colegio y veo que los chicos no tienen aspiraciones a futuro, me duele porque sé que detrás hay dolor. Por eso les digo ‘estudien, vengan y ayúdenme a salvar el río’”.

Ha tenido tal impacto que el colegio José Félix de Restrepo estableció una alianza con el Sena y los jóvenes de noveno, décimo y once pueden optar al título como técnicos en monitoreo ambiental con la posibilidad de realizar prácticas laborales en empresas.

Además, recientemente la Secretaría de Educación de Bogotá les publicó un libro, Guardianes del patrimonio cultural, ambiental, ancestral y territorial de San Cristóbal, el cual comprendió 23 historias escritas por los niños y jóvenes participantes del proyecto, hablando acerca de su patrimonio y su localidad. Todo un orgullo que para Hammes significa haber logrado romper esquemas y cambiar mentalidades con una idea a la cual le apostó desde el principio y hoy lo tiene como un ejemplo para su comunidad.