2012

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Ciencia y tecnología, Institución Ejemplar

Hospital Pablo Tobón Uribe

En el Hospital Pablo Tobón Uribe hay un milagro diario

En el Hospital Pablo Tobón Uribe se gradúan de a poco en la ciencia esquiva de hacer milagros.

Transplante de hígado, un milagro. Un soldado al que no se le amputa una pierna por caer en una mina antipersonal, otro milagro. Trasplante multivisceral, el milagro.

Esta última operación, la más difícil, sin precendentes en Colombia, es el último éxito del hospital. Fue el 19 de agosto de 2009 que se le trasplantó, al entonces joven universitarioAndrés Fernando Agudelo —hoy 26 años—, en una sola operación de seis horas, estómago, duodeno, páncreas e intestino delgado.

 

Y ese es solo uno de los milagros de los que habla el director General del Hospital, Andrés Aguirre Martínez, convencido de su teoría de que los médicos se encargan, con la dirección de lo Divino, de hacer lo sobrenatural, «¿o no creés vos que esto es algo imposible?». Y sí. La respuesta es sí.

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Ciencia y tecnología, Persona Ejemplar

Eduardo empuja para que la ciencia avance

Maloka, que fue el primer «museo» —si es que así se le puede llamar— para la interacción, donde los niños pueden conocer la ciencia desde lo cotidiano y la experiencia, fue una idea en la que tuvo que ver Eduardo Posada Flórez, presidente de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (ACAC).

Ese proyecto muestra dos preocupaciones grandes que tiene Eduardo, la primera es la divulgación de lo científico y con esa divulgación la desmitificación, y la segunda, la evolución de la educación.

Preside la Asociación desde hace 26 años y él, que es como un caballero inglés debido a su puntualidad y a la precisión de sus palabras, dice que en Colombia la ciencia «va ahí, que ha avanzado un poquito. Al menos se ha generado más conciencia del que tema es importante».

Eduardo es físico de la Universidad de Lausana, Suiza, de la que se doctoró en Física y Matemáticas y adonde se fue con un amigo de su juventud a estudiar medicina.

Desde que llegó al país, este bogotano ha presionado para que la ciencia y la tecnología tengan mayores recursos del Gobierno nacional, «que haya una legislación sólida, porque si no esto no crece». Sigue pendiente del tema, espera que con el nuevo sistema de regalías, la ciencia tenga financiación.

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Cultura, Mención

Leonel llevaba el arte entre las manos

Gonzalo Arango, el nadaísta el escritor, iba a la casa de Leonel Estrada, que hoy quedaría detrás del centro comercial Oviedo, a conversar de literatura y arte, y también iba a nada. Recuerda Alberto José Estrada —hijo de Leonel— que se aparecía en las noches a buscar en el enorme patio un sapito que se metía en el bolsillo y después se iba. Las gabelas de la confianza y la amistad.

El periodista John Saldarriaga, que se entrevistó varias veces con Leonel, título uno de sus artículos en El Colombiano diciendo que el pintor, escultor, escritor y odontólogo paisa fue «el Midas del arte antioqueño», no fue ninguna exageración.

Leonel fue gestor de las famosas Bienales de Coltejer que se sucedieron en 1968, 1970, 1972. Pero no solo fue gestor, también fue maestro y músculo vigoroso que bombeó sangre para que esos encuentros artísticos no se perdieran.

Debajo de la que era su casa, en el sótano, estaba la taberna del ahorcado, donde se reunía con sus amigos, entre los que estaban Rocío Vélez, Jaime Sanín Echeverri, Óscar Hernández,Manuel Mejía Vallejo, Olga Elena Mattei, María Helena Uribe Echavarría —su esposa— y Darío Ruiz Gómez.

No solo hablaban, en el apartamento en el que ahora vive doña María Helena, hay bloques de cemento con figuras pintadas, todas salieron de la taberna.

Hay, también, muchos cuadros, pinturas religiosas y flores, una biblioteca grande y hasta una manual del usuario Macintosh. Aún hay poemas que esperan ser descubiertos, como los que ha ido encontrando Beatriz Elena, su hija, que resume a su padre en una frase: «Él lo que nunca perdió fue tiempo».

 tita_mayaCultura, Institución Ejemplar

En el campo hay secretos para contar

Hace ocho años era un sueño, y como la mayoría de los sueños tenía esa bruma que traen consigo las cosas imposibles. Querían fomentar la lectura en los sectores rurales de los 125 de Antioquia.

Lo lograron. El proyecto se llamó como la fundación que lo empezaba: Secretos para contar. La idea fue simple, cuenta Tita Maya, quien planeó la estrategia. «Nos dijeron: ‘vamos a llevarles libros a las familias campesinas porque cuando se les dan se pone muy felices’».

En la investigación preliminar encontraron que los libros eran un espécimen raro en las veredas del departamento, «ellos si querían leer, claro —dice Lina Mejía Correa, presidente de la Fundación Secretos para contar—, pero no tenían qué».

A la fecha se han repartido cerca de cuatro millones de libros —en una edición de 12 tomos que se han entregado cada semestre por tres ejemplares—, se calcula que solo en Antioquia se benefician 205.000 familias, teniendo en cuenta que también se hace presencia, de forma parcial, en Boyacá, Santander, Cesar, Caquetá, Caldas y la Guajira.

Este semestre llegarán tres libros de la colección a 32.000 familias del Chocó, en las que se representa el 92 por ciento de la población infantil del departamento.

En un comentario que un profesor hizo de la estrategia de Secretos para contar, dijo: «Secretos ha acercado a los papás a la lectura, algo imposible». En un estudio realizado en 2010 esa frase encuentra respaldo. Antes de que llegaran los libros, una familia rural leía el 2 por ciento por día, en ese año era el 30 por ciento.

Repartiendo los libros, la Fundación se ha encontrado que los campesinos reciben un tesoro, una herramienta que nunca tuvieron, un sueño para contar.

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Colombianos en el Exterior, Persona Ejemplar

Un hombre en el que Bill Gates confía

Orlando Ayala cuenta que está entre los cinco ejecutivos de confianza de Bill Gates, dueño de Microsoft y el genio que hizo que muchas familias tuvieran, por lo menos, un ordenador en casa.

Después de graduarse en la Universidad Jorge Tadeo Lozano en 1981 como Licenciado en Administración de Sistemas de Información, Orlando —bogotano porque allá fue donde nació, pero se siente caleño, hincha del Deportivo Cali— empezó a trabajar con NCR, empresa de servicios y soluciones tecnológicas.

Se caracterizó por su pasión. Días después de su vinculación se dedicó a realizar el primer programa de reservas de tiquetes para una empresa de transportes. Era el primer lustro de los años 80, «y eso era toda una locura. Algo que no se había pensado».

Hoy Orlando cree que la clave de su éxito en esa empresa fue «no limitarse a la definición de lo que se cree que es el trabajo, de lo que se pide. Buscar lo que no es muy obvio».

Cuenta que un día a la oficina de NCR en Bogotá llegó un señor de Cúcuta, «que no tenía pinta de ejecutivo». Entró donde un asesor para que le colaborara. Este no lo quiso atender, así que Orlando lo hizo. El hombre le propuso que se encontraran al día siguiente en el hotel en el que se hospedaba. Allá le dio un tiquete para Cúcuta, le encargó la sistematización del proceso caficultor de Café Galavis. El hombre giró un cheque por 300.000 dólares. Fue el gran negocio.

Estaba en México trabajando para NCR como director de ventas y lo llamó un cazatalentos desde Nueva York. Corría 1990. Le ofrecía un puesto importante en una empresa que apenas empezaba: Microsoft. Terminó siendo gerente de la creación de la subsidiaria para abrir la oficina para América Latina.

La carrera despegó: «Logré crecer la región de cero dólares a 100 millones en 1994. Empezamos a abrir subsidiarias y para mí fue muy especial cuando en 1992 abrimos la oficina en Colombia».

Debido a esos logros, en 1995 lo nombraron vicepresidente de Microsoft para el Cono Sur en todo el mundo, abrió 35 subsidiarias. Después vinieron más retos, fue vicepresidente ejecutivo del Grupo de Socios y Soluciones para el Mercado Pequeño y Mediano, fue vicepresidente del Grupo de Ventas, Mercadotecnia y Servicios Mundiales; y vicepresidente ejecutivo de la Región Pacífico del Sur y las Américas.

Para Colombia sueña con el fortalecimiento de la educación a través de la innovación tecnológica. Desde el gobierno de Álvaro Uribe Vélez está trabajando para lograr ese objetivo.

Viene cada tres meses al país, visita a su familia y conversa con personas clave en los ministerios, fragua relaciones. Extraña su familia y, sobre todo, la comida.

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Deporte, Persona Ejemplar

Para Andrés, el deporte ha sido una batalla de siempre

Tenía diez años cuando un caballo lo tumbó. Andrés Botero Phillipsbourne corría en el equino y su padre iba más adelante, pero su caballo se asustó por una culebra y frenó en seco, Andrés salió despedido y cayó en un roca. Dolor, sangre. Fractura de codo.

Estaba en la finca que la familia tenía en Puente Iglesias. Seis horas se demoraron para llevar a Andrés de la Pintada a Medellín, porque en ese momento la carretera era destapada. «Llegamos y todos los médicos decían que había que amputarme el brazo. Estuvimos como en tres clínicas y yo estaba como desmayado y nos dijeron que había un doctor Darío Mesa que se había especializado en codos en Estados Unidos, que era un genio. Dijo que lo salvaba pero que quedaba sin movimiento. Papá dijo que sí».

Como lo había dicho el médico, después de que se le retiró el yeso, Andrés no podía mover el brazo. Pero en unas vacaciones en Puerto Colombia, adonde iba toda la familia en diciembre, empezó a esquiar, así con un brazo quieto. La idea, que fue del padre, surtió efecto y «el brazo empezó a aflojar».

Cada fin de año, el ahora director de Coldeportes, se encontraba en Puerto Colombia a la actrizJudy Henríquez, «que era una muchacha hermosísima», y la veía esquiar con desenvoltura. Fue un reto, y así se fue haciendo mejor.

En 1959 participó en el Primer Campeonato Nacional de Esquí en Barrancabermeja, quedó de último. El segundo torneo, que fue en Paipa, quedó de cuarto. Hasta que en 1961, en Porce, se coronó campeón y así por 10 años seguidos. Fue campeón suramericano, campeón de una copa del mundo en Tahití y en 1972, cuando el esquí fue deporte de demostración en los Juegos Olímpicos de Munich, fue uno de los latinoamericanos que esquió.

Fue obstinado, entonces en esos años de recuperación no tuvo nada más a mano que la testarudez ante un dictamen médico, por eso es que hoy lleva en sus espaldas el triunfo deportivo del país, la conquista de ocho medallas en los Juegos Olímpicos de Londres.

Hace unos meses, cuando Andrés volaba con el presidente Juan Manuel Santos, este le dijo que para Río 2016 quería cuatro medallas de oro, Andrés no chistó. Ahora, lo prepara n

«Hace cuatro años sabíamos que el proceso deportivo iba a llegar a algo interesante, y tuvimos resultados».

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Economía, Homenaje póstumo

La perseverancia que convoca realidades

Por el bloqueo que el presidente venezolano Hugo Chávez Frías impuso a las exportaciones colombianas en 2009, Germán Camilo Calle, expresidente de Sofasa, se quedó con una angustia —cuenta su esposa Ángela María Molina —, porque tenía que despedir a más de 400 empleados.

Y los despidió, no sin antes prometer que buscaría la forma de llamarlos, trataría de abrir más mercados o desarrollar nuevas estrategias para volverlos a emplear, y así lo hizo, sigue recordando su esposa, «volvió y llamó a cada uno de los empleados. Su reto era mantener siempre bien a Sofasa, porque para Colombia es una gran empresa, pero para Renault es solo un punto en el espacio».

Persistencia es la característica que más dice de la personalidad de Germán Camilo Calle, «nunca contempló el fracaso, ni siquiera la muerte».

El desarrollo de la última 4 x 4, la Renault Duster, se cuenta entre sus más recientes éxitos y peleas, porque se creía que era mejor ensamblar el carro por fuera del país, pues en Colombia salía muy costoso, sin embargo, su deseo por posicionar Sofasa y entrar en el mercado mexicano, pudo más. Ahora la Duster rueda aquí y rueda allá.

Con Sofasa trabajó más de 25 años, donde laboró hasta los últimos días que le concedió la enfermedad por la que falleció en noviembre del año pasado, después de perseverar, de remar contra ella por un año y siete meses. Su legado es más que un recuerdo en la compañía, es un ejemplo.

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Economía, Persona Ejemplar

J. Enrique, el periodista de los números

Dijo el escritor Alberto Aguirre del periodista J. Enrique Ríos que este tiene «una memoria prodigiosa, que palpita como recién nacida». Y es cierto, su historia, que es la historia del Noticiero Económico Antioqueño, la cuenta de golpe, con detalle y sin recortes.

En la sala de su casa —que no es la misma desde que su esposa Graciela murió hace unos meses— hay un cuadro generoso con una escena bíblica famosa: Isaac sobre el altar del sacrificio, Abraham cuchillo en mano y el Ángel de Jehová interviniendo. «Es la prueba más grande de la fe», dice Jota, que mientras hila su historia no deja de adjudicarle responsabilidades a Dios: «me ayudó, me preparó».

También tiene, ya en el estudio, una foto de su época de ciclista mientras llega a la meta ganando una carrera; hay otra en la que lo acompaña un muchachito, un aficionado. «Ese es ‘Cochise’, yo fui entrenador de él», dice con una sonrisa, igual que el mago que saca la carta que escondía bajo la manga.

Siendo un adolescente, después de tres años de disciplina, oraciones y leer el Nuevo Testamento, el sacerdote Jesús Emilio Jaramillo lo sacó del seminario por sus críticas a las normas, específicamente una: no le gustaba que leyeran las cartas que le llegaban de Virginias (Puerto Berrío), donde vivía su familia, y menos que las propias las revisara el prefecto antes de ser selladas. Años después, para su matrimonio con Graciela, ya libre de la rabia juvenil, buscó al padre Jaramillo para que oficiara la ceremonia, lo hizo y también bautizó a sus cinco hijos: Claudia, Jorge, Juan, Jaime y Carolina.

Su vida de periodista empezó después del ciclismo en el diario El Correo, de donde salió y después, a los años, como una forma de hacer algo que otros no, se inventó el Noticiero Económico Antioqueño, que primero gozó de espacio en Caracol y luego en Radio Súper y que ahora se transmite en la emisora de la Cámara de Comercio.

Empezó el primero de mayo de 1975 con un principio: la duda. No sabía nada del tema y ese fue el éxito, hubo pedagogía, clases de economía para los oyentes de todos los días y el florecimiento de la industria antioqueña le dio un empujón. Hoy, después de los años y la jubilación, repite: «El periodista tiene que hacerse el que no sabe, así crea que conoce el tema».

alpina

Economía, Institución Ejemplar

Alpina, un recorrido que empezó en leche

El principio de Alpina en Colombia fue una empresa difícil. Dos emigrantes suizos, después de pasar por Ecuador, se instalaron en Sopó, Cundinamarca, para empezar la tradición europea de los quesos maduros. Era 1945 y dichos productos no gozaban de mucha popularidad en el grueso de la población.

Los primeros 25 años fueron la consolidación de una empresa familiar. En 1970 el negoció tomó un viro nacional con la llegada de productos como el yogurt, kumis, arequipe, las bebidas finesse, la gelatina boggy y la leche. La Compañía amplió su alcance y adquirió en los años 80 las plantas de producción en Facatativá (Cundinamarca) y Chinchiná (Caldas).

Según un informe de la empresa, después de esto empezó el verdadero crecimiento y «Alpina se estableció en mercados internacionales a través de exportaciones e inició la comercialización de sus productos en Venezuela, Ecuador y Estados Unidos con un portafolio más diversificado».

El vuelco de multinacional es inevitable y en 2008 se establece la Gerencia en Estados Unidos, «con el objetivo de acelerar el desarrollo de una operación local en ese país. Se crea el Instituto Alpina, dedicado a la investigación en nutrición y alimentación y la Fundación Alpina, resultado de nuestro compromiso con las comunidades».

Y vino la modernidad en 2010 con la planta de Entrerríos, Antioquia, una de las más modernas procesadoras de yogurt de América Latina. En 2012 se inauguró la décima planta de producción, ubicada en Batavia, oeste del Estado de Nueva York en Estados Unidos

Alpina tiene operaciones industriales en Colombia, Ecuador, Venezuela, Estados Unidos y Perú, y presencia comercial en países de Centroamérica y el Caribe. Un recorrido inmenso para la primera multinacional de alimentos colombiana.

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Infantil, Institución Ejemplar

Buen Comienzo, la alegría de los niños

Los jardines de Buen Comienzo son una fiesta de colores, aunque la mayoría de las paredes son blancas. Están las mesas y las sillas, que también son blancas, pero hay color. En los juguetes, en las pelotas, en los platos en las crayolas, en las risas que golpean contra las paredes.

Ahora no son la sombra del proyecto que se ideó Sergio Fajardo en la Alcaldía de Medellín de hace más de ocho años. En la administración de Alonso Salazar se implementó el crecimiento en cobertura y la evolución de los que se llamaron en su momento Jardines de Calidad, esas obras urbanísticas modernas que sobresalen en la periferia.

En 1997 Proantioquia quiso respaldar un proyecto que acompañara la infancia de los niños de Medellín, los de aquellas familias que no tenían con qué pagar una matrícula en un jardín. Sergio Fajardo propone un trabajo de educación e innovación, de allí surgen Parque Explora y Ruta N. Pero quedó en el tintero el proyecto de acompañamiento, hasta 2003.

Finalizando el Gobierno de Fajardo, ya la ciudad atendía cerca de 45.000 niños, 38 por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) y 7.000 con recursos propios. Era un trabajo ligado a la nutrición. En 2007 se pensaba ya en jardines infantiles.

Marta Liliana Herrera, primera dama de la alcaldía de Alonso Salazar, dirige el proyecto en la administración de su esposo. Se exploraron modelos de Chile y Cuba, incluso el implementado por el ahora alcalde Aníbal Gaviria cuando era gobernador de Antioquia.

El reto empezó en la gestación y hasta los cinco años. Se subió la cobertura hasta que en 2011 se atendían 91.000 niños.

En la alcaldía de Aníbal se quiere que haya un jardín infantil por comuna, además de los hogares en los que los niños son atendidos, para que así los ecos que se escuchen en la ciudad sean los de las risas.

la_cocha

Medio ambiente, Persona Ejemplar

La Cocha la cuidan indígenas y labriegos

Pasaron 19 años para que la Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil de La Cocha tuviera un reconocimiento jurídico. Fue el decreto 2372 de julio de 2010 que los metió, por decirlo de alguna manera, en la legalidad.

La red es enorme. Es la unión de 52 reservas que están alrededor de la laguna de La Cocha, Nariño. Son más de 7.000 hectáreas de conservación. Es el segundo ramsar (Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas) de Colombia. Se calcula que allí se pueden encontrar más o menos 168 especies de aves, entre residentes y migratorias. José Vicente Revelo Salazar, director de la Asociación para el Desarrollo Campesino de La Cocha, dice que este es un lugar clave para el cuidado de las aves en el país.

La propuesta de la Red de Reservas fue gestada por la sociedad civil con el fin de «mejorar las condiciones de vida de todas las familias, que de manera voluntaria, declararon sus predios como reserva», cuenta José Vicente.

Pero no todo ha sido fácil, en el año 2000 las Farc asesinaron a un líder de la Asociación para el Desarrollo Campesino y dos antiguos líderes tuvieron que desplazarse.

Hoy las cosas han cambiado. Han desarrollado propuestas de turismo rural, conformaron corredores biológicos. Es el fortalecimiento de una organización única conformada por campesinos e indígenas.

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Medio ambiente, Persona Ejemplar

Amado, el protector de la Sierra Nevada

Después de unos enfrentamientos entre el ejercito y el Eln en la Sierra Nevada de Santa Marta en 2002, sin saber por qué, esa guerrilla lo amenazó, entonces Amado Villafaña Chaparro tomó todo lo que tenía, que no era mucho, y se fue para Santa Marta. Un desplazado más.

«El 17 de agosto de 2002 salgo de la Sierra como desplazado porque me declaran objetivo militar -cuenta-, es ahí cuando me dedico a incursionar en la fotografía y los documentales». Antes de ese episodio, como él mismo lo dice, hacía parte de «una familia común y corriente» que vivía de la agricultura y que trabajaba por la organización indígena.

Sus documentales, sus fotografías, que empezaron en 2005 buscan la protección de la Sierra Nevada, esa montaña a orillas del mar, como pocas hay en el mundo con sus características climáticas, en su mayoría territorio sagrado de las comunidades indígenas kogui, wiwa, kankuamo y arhuaco.

Ahora a Amado lo preocupan varias cosas: «Los megaproyectos; el agua, porque tenemos 36 ríos, y también es un riesgo el ecoturismo. Aquí se atenta contra los territorios sagrados».

Amado, que es arhuaco, ha creado seis documentales y tiene el 60 por ciento de un libro escrito. No ha regresado a la Sierra porque necesita terminar sus proyectos, aunque en diciembre estuvo con un mamo en el parque Tayrona contando sus historia. Ahora no está amenazado, aunque dice que la Sierra sí.

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Turismo, Institución Ejemplar

Metro, la marca de todos, la marca del turismo antioqueño

Dicen los que recorrieron la ciudad de la estación Poblado a Niquía el 30 de noviembre de 1995, en el primer recorrido del metro, que hubo lágrimas de felicidad.

Hoy el metro no es exclusividad de los paisas, es la excusa del turismo, es el turismo de la ciudad. El año pasado llegaron hasta las oficinas de la empresa, para hacer un recorrido y conocer el tren, el metro cable y los buses, cientos de periodistas internacionales.

Todos se asombran por lo mismo: que el aseo de las estaciones, que los trenes no estén rayados, que las cabinas del metrocable pasen por encima de los barrios de la periferia y que funcionen todos los días.

Ramiro Márquez Ramírez, gerente del Metro, dice que lo sorprendente es la Cultura Metro, el caballo de batalla de la empresa, el mensaje de todos los días en publicidad y grabaciones, «y eso enamora a los turistas». Y dice más señalando la «M» del logo: «Esa, creo, es la marca social más importante de la ciudad».

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Turismo, Persona Ejemplar

 En cincuenta años solo se cuentan amigos

Jaime Tatis del Valle dice con su acento costeño férreo que no se le va después de 54 años de vivir en Medellín, que él ha tenido «un sinnúmero de cargos en lo que tiene que ver con turismo».

Y para poner un ejemplo, el director de El Informativo Turístico dice que presidente local, nacional y vicepresidente para Latinoamérica del Skal Club, «el más importante club de turismo del mundo».

En esos cincuenta años que Tatis lleva viviendo en Medellín, después de dejar Cartagena y pasar por Bogotá, ha sido gerente del Club Medellín, presidió la Asociación Colombiana de Clubes Sociales, trabajó en el Hotel Nutibara y empezó «la primera» oficina de Relaciones Públicas del país, que se llamó Imagen, «y eso que yo vine a Medellín la primera vez a dar unas capacitaciones», dice.

Hace unos días, Jaime se encontró al expresidente Álvaro Uribe Vélez, que lo felicitó por el premio que le dio el Club de la Prensa unas semanas atrás, eso cuenta, para después decir que en su vida se ha dedicado a hacer buenas relaciones: «No tengo ni un solo enemigo, que yo sepa».

Se siente orgulloso de que como periodista nunca ha recibido una solicitud de rectificación, de que su labor sea su reflejo, el reflejo de un amigo.

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Solidaridad, Institución Ejemplar

En Medellín, la ayuda suiza se ve

Muy lejos, en Suiza, hay ciudadanos que apoyan la educación de muchachos de Medellín. Ese fue el principio y ha sido la columna de la Corporación Presencia Colombo Suiza.

Carlos Alberto Baena Correa, director de la corporación, cuenta la historia con agilidad. Dice que esta se parte en tres fechas importantes, todas de 1983. El 9 de abril un ciudadano suizo que estaba en Bogotá buscando alianzas para crear una organización de desarrollo rural llega al barrio La Iguaná de Medellín, allí conoce el costurero de Ángela Echavarría, que trabajaba con la comunidad que en ese entonces sufría por el desbordamiento, cada tanto, de la quebrada.

En la visita se determina que se va a realizar el proyecto. Se mantuvo el contacto. La primera acta se escribe el 20 de mayo. Los estatutos son aprobados por la Gobernación de Antioquia el 19 de diciembre.

Hoy, 30 años después, la Corporación atiende a 2.256 niños que están en la primera infancia. En Medellín, crecen en la atención a la juventud. Tienen centro de capacitación estilo Sena en Robledo y el Barrio Antioquia. Hay semilleros infantiles. Son operadores de la estrategia de Cero a Siempre de la Presidencia de la República. En 2011, solamente, se capacitaron a 1.200 maestros desde la Guajira hasta Nariño.

Hay un índice que lo dice todo y que lo reza Carlos Alberto: «El índice de embarazo en el país es del 19 por ciento, o sea que de cada 5 adolescentes una está en embarazo. Nosotros, con la gente que trabajamos, tenemos un índice del uno por ciento». Y así, con esa cifra, la Corporación demuestra que tienen un trabajo bien hecho.

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Solidaridad, Persona Ejemplar

El ingeniero Ricardo es el profe en Guapi

Ricardo Gómez Fontana habla despacio, como midiendo las palabras con un metro. Tiene voz de profesor, aunque él, en el sentido estricto de la palabra no lo es, porque el empezó como un alcahuete, ayudándole a los niños a hacer las tareas. Esta es la labor más maravillosa de su vida.

«Guapi es una población típica de la periferia colombiana. Desconocida, ignorada —dice— La presencia del Estado es mínima, las oportunidades de los jóvenes son escasísimas». Y él resultó allá, con la intención noble y valiente de ayudar, en esa población que cuando aparece en los noticieros es por la acción violenta de unos y de otros.

La ayuda se convirtió en una fundación que educa a niños de la población, mayoría afrodescendiente. Ellos llegan a trabajar en los computadores del profesor y, a veces, cuando no hay tareas, hasta juegan.

Lo que más ha disfrutado Ricardo es la creación de unos libros: Los cuentos de Chepe, un personaje autóctono que tiene aventuras en la costa caucana. Dicen que en las calles se encuentran grupos de niños agachados, dichosos, leyendo las historias de uno que puede ser cualquiera de ellos.