2011

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Colombianos en el Exterior

Sofía Vergara Vergara

El brillo de la Toti

Sofía Vergara apareció un día en las pantallas, en un comercial de televisión, brincando en la arena caliente de la playa… 30 segundos le bastaron para dejar a más de uno atónito.

La Toti se desapareció por un tiempo, pero retornó luego al imaginario colectivo del público de la mano del espectáculo en Los Ángeles. Sofía Vergara en el Súper Tazón, Sofía Vergara con Luis Miguel, Sofía Vergara tiene un papel secundario en tal película, Sofía Vergara es protagonista en una serie de televisión, Sofía Vergara en Broadway, en la alfombra roja de este premio y en la de aquel otro más.

Esta barranquillera, nacida el 10 de julio de 1972, supo ganarse el mundo del espectáculo y en 2010 se lució en la pantalla chica con su papel de Gloria en la serie Modern Family, interpretación que le valió nominaciones a los Emmy y los Globo de Oro y que, además, el New York Times la escogió como una de las actrices más destacadas de la actualidad.

Con paciencia y entrega forjó su camino en la Meca del cine y ahora es una de las latinas más reconocidas en ese mundo de luminarias y estrenos, convirtiéndose en una de las latinas más reconocidas en el mundo artístico de los Estados Unidos.

Es una estrella colombiana que brilla con luz propia y que se codea con los grandes de Hollywood, sin perder una pizca de su gracia caribeña, esa que la hace tan particular y tan ejemplar.

 

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Infantil

Oriana Valentina Vélez

Oriana es mente y corazón

Un oso de peluche grande adorna su cama. Las medallas, que dan cuenta de sus triunfos deportivos, penden de una pared. Así, sin lujos, pero en un ambiente que irradia energía positiva, en un sector comercial de Popayán, vive Oriana Valentina Vélez.

Es delgada, de cabello largo y lacio, y ojos negros. Tiene 12 años, espíritu de investigación y un corazón grande. Juega tenis y baloncesto con la selección infantil del Cauca. Cursa el séptimo grado en el Colegio San José de Tarbes, de Popayán, donde sobresale por su liderazgo y rendimiento académico.

Cuenta su papá, Ricardo Neftalí, docente, que su hija, cuyo nombre fue en honor a la escritora y periodista italiana Oriana Fallaci, nació con problemas respiratorios. Jamás pensaron que podría ser deportista, pero con el tiempo, y gracias a la dedicación, descubrieron en ella muchos talentos.

Con esfuerzo económico sus padres (la mamá, Rosa Nidia Ávila, es bibliotecóloga) la matricularon en el San José de Tarbes y valió la pena. Las calificaciones daban cuenta de una alumna que, además de disciplinada, siempre iba adelante con sus notas. «Al principio era tímida, pero luego se tomó confianza. Es excelente en todos los sentidos, siempre irradia alegría, es educada, sencilla, cariñosa y delicada», destaca la madre Laura Sánchez.

Hace dos años, Oriana fundó en el colegio el Club de Ciencias, con el que lideró varios proyectos de investigación. Uno de ellos, un estudio comparativo de las basuras del sector rural y urbano, financiado por Colciencias, certifica su papá.

Esa experiencia le permitió participar en calidad de expositora en un encuentro de universidades del Cauca de la que salió aplaudida.

En sus visitas a la vereda Guadualito, del municipio de Balboa, Cauca, una zona de población afrocolombiana y complejo orden público por la presencia de grupos al margen de la ley, a donde iba a recolectar información para su trabajo, se convirtió en un ángel para muchos pobladores.

En el colegio hacía campañas para recoger mercado y ropa, y cuando terminó la investigación le pidió a su padre regresar a esa comunidad. «Vi tanta pobreza allí que me puse la meta de ayudar. La gente es feliz con cosas que para otros parecen insignificantes». Los ojos de Oriana se iluminan al hablar de esa población.

En su habitación, además de una colección de barbies, en un armario tiene pegados los mensajes de sus amigas y familiares. Escucha música pop, le encanta navegar en internet, ver los partidos de la NBA y leer los libros que su mamá le lleva. Su meta, dice, es ser médica para poder investigar y seguir ayudando a los más necesitados.

Ideam

Medio Ambiente | Institución

Ideam

Ideam: más que estado del clima

Que el invierno ya pasó. Esa es una ilusión de la mayoría de los colombianos por los días soleados que han prevalecido en las dos últimas semanas.

Pero la realidad es otra, afirma el geólogo Ricardo José Lozano Picón, director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), quien explica que «la Niña está latente» y que el comportamiento climático en el Trópico es complejo y diferente a los países que tienen estaciones. «A finales de febrero se recrudecerán las lluvias, no podemos bajar la guardia porque la Niña seguirá hasta los meses de mayo-junio».

Esta institución pública adscrita al Minambiente y que se ha venido reestructurando en los últimos tres años, de la que todos los días escuchamos hablar en los medios cuando de pronosticar el clima se trata, no solo es referente en América Latina sino que le permite a Colombia representar a todos los países en desarrollo ante el Fondo Mundial de Adaptación de Cambio Climático en Naciones Unidas, ser representante permanente ante la Organización Meteorológica Mundial, y punto focal del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés).

Los recursos hídricos, la meteorología general y aeronáutica, las alertas tempranas sobre inundaciones, los derrumbes, los fenómenos del Niño y la Niña, el comportamiento fluvial y marítimo son, entre otras, las materias de permanente investigación.

De su acertado trabajo depende, en buena parte, el desarrollo del país. El Ideam es importante en la medida que sus investigaciones le dan elementos informativos al país para trabajar a partir del cambio climático, gracias al manejo de la información científica y tecnológica del medio ambiente en Colombia.

«Podríamos definirnos como un laboratorio de referencia que nos permite, como máxima autoridad hidrológica del país, apoyar a las Corporaciones Autónomas en todos sus estudios», precisa Ricardo José.

Destaca entonces la labor que adelanta el equipo de trabajo con que cuenta en el Ideam, «tan especializado que nos permite permanentes adaptaciones sobre cambio climático».

Entre los proyectos para este año, el directivo señala la necesidad de fortalecer el dato local, en cada una de las regiones, que permita la prevención oportuna de cualquier tipo de riesgos por efectos climáticos.

«Tenemos que adaptarnos a los cambios y a los nuevos escenarios climáticos; debemos ajustarnos a esos datos nuevos y a la nueva vulnerabilidad que generan», indicó el directivo, a la vez que expresó su preocupación por la presencia de escenarios de excepción como los que vive el país en el momento a causa de la emergencia invernal. «Es la Niña más fuerte de la que se tiene conocimiento desde su comienzo».

De ahí la importancia, agrega Lozano Picón, de implementar una estrategia nacional de educación para la adaptación al cambio climático como la que acaba de lanzar el Ideam, a la que espera se unan las universidades y la empresa privada.

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Solidaridad | Mención Especial

Guardia Indígena del Cauca

La Guardia del Cauca, ancestral y humanitaria

Mientras la asamblea debate en un recinto de Santander de Quilichao, afuera, Oswaldo sostiene con firmeza el bastón que hace 17 años decidió tomar como un legado de sus antecesores para preservar la vida, mantener el orden y la organización de su comunidad, y defenderla de las agresiones de los extraños. También, para participar en acciones humanitarias y de paz.

Las cintas de colores penden del bastón fabricado por él mismo y dan cuenta de su trayectoria y jerarquía, en una labor voluntaria que los Nasa consideran milenaria y que se promueve desde las raíces familiares.

Una herencia que lleva con orgullo y convicción, y que le permitió participar en un episodio histórico como la liberación del alcalde de Toribío, Arquímedes Vitonás Noscué, cuando en el 2004 fue secuestrado por las Farc en Caquetá. «Lo localizamos y lo trajimos con nosotros», cuenta.

Cerca de él está Celia Umenza, del resguardo Tacueyó, quien anota que esta experiencia le ha permitido valorar la vida de sus hijos y compañeros. Y recuerda que aunque muchas mujeres han muerto en esa misión, ella vence el miedo y la asume con valor. «Los que cargamos los bastones somos dinamizadores, pero la Guardia está con más peso en nuestro hijos, en toda la comunidad que es nuestro respaldo».

La tarea humanitaria de la Guardia Indígena del Cauca, de la que Oswaldo y Celia hacen parte, alcanzó tanta importancia en medio del conflicto armado en el norte de ese departamento que sus integrantes rescatan heridos de los bandos en conflicto (guerrilla, Ejército o paramilitares), organizaciones que la reconocen y respetan.

El consejero Jorge Arias (foto), del territorio Huellas de Caloto, dice que han trascendido tanto «que ya vamos mucho más allá de ser controladores del territorio y hace rato estamos proponiendo que la Guardia sea un agente de paz».

Otra muestra de su aporte es la participación en la búsqueda de desaparecidos, la liberación de detenidos y secuestrados, y el acompañamiento a los cabildos. Su misión no solo involucra a los indígenas, sino a afros y campesinos que se les han unido.

Consolidación

La Guardia es parte de la esencia misma de los Nasa, desde su organización por allá en el año 1500, pasando por la etapas de resistencia y guerra, independencia y colonización.

Tras los lineamientos políticos establecidos en la búsqueda de su autonomía con la creación del Consejo Nacional Indígena del Cauca, la primera organización de este tipo en Latinoamérica y que el 24 de febrero cumple 40 años, muchas muertes han sufrido (hablan de 800 víctimas).

En esa dinámica nació, en 1994, la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, Acin, bajo los principios de unidad, tierra, cultura y autonomía. La década del 2000 tuvo una fuerte arremetida paramilitar allí y eso llevó a que potencializaran a los «cuidadores del territorio».

Edilfredo Rivera, coordinador de derechos humanos de esa organización, cuenta que en una asamblea realizada en el resguardo Huellas, en 2001, las autoridades indígenas ordenaron crear la Guardia indígena como un programa de la Asociación de Cabildos. Dentro de esa estructura se habla ya de casi 3.500 personas al servicio de la comunidad y que son la mano derecha de las autoridades.

Rafael Coicué, gobernador del resguardo López Adentro, señala que la Guardia es algo natural que se reconoce como una estrategia de vida y lucha comunitaria sin armas, «con el bastón de mando y la palabra que le ha permitido ganar confianza» de organizaciones del país y el exterior.

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Turismo | Institución

Germán Morales e hijos

Hotelería con sello familiar

Germán Morales Molina logró, como pocos, crear una empresa turística con representación nacional. Y si esto no es tan fácil hoy, mucho menos cuarenta años atrás.

Después de trabajar en los mejores hoteles capitalinos en la década del cincuenta, decidió crear su propio negocio. El primer paso fue asumir el manejo del Hotel Bucarica, en Santander, un hermoso edificio que hoy es patrimonio nacional y sede de la Universidad Industrial de Santander (UIS).

El positivo resultado no se hizo esperar, recuerda su hijo Juan Manuel Morales, experto en hotelería y uno de los directivos de la empresa familiar, junto a su hermano Alejandro Morales, administrador financiero.

Poco a poco el negocio se convirtió en un emporio turístico con una fuerte presencia territorial, experto en la prestación de servicios de calidad en el segmento de alojamiento y alimentación.

Casi todos los buenos hoteles regionales del país hacían parte de esta empresa familiar, desde Nariño hasta La Guajira, anota Juan Manuel. A ello se sumó el servicio de catering (atención de alimentos) en el sector empresarial.

Sin embargo, la crisis económica de los años 90 los obligó a entrar en concordato. «Pensamos si debíamos seguir con el proyecto de papá y decidimos que sí», confiesa Juan Manuel Morales. Entonces de la mano de otros inversionistas y como el ave Fénix, surgieron de nuevo en 2002.

Una vez fortalecidos económicamente crearon, entre 2004 y 2005 una nueva cadena de hoteles: BH (Business Hotels), enfocada especialmente al segmento ejecutivo.

En este momento tienen cuatro hoteles en Bogotá y la meta es abrir uno por año hasta ajustar diez, en los próximos seis años, en las principales ciudades del país.

«Son hoteles pequeños, elegantes, con un especial énfasis en lo tecnológico, para personas de negocios».

La fortaleza de Germán Morales resucitó para bien del turismo.

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Deportes | Institución

Corporación Correcaminos

Un Correcaminos conquista Antioquia

Diego Alexánder Román tiene muy claro, a sus 15 años, que quiere ser campeón mundial de ciclomontañismo. El muchacho hace parte de la Corporación Correcaminos y junto a él, hay otros 120 que sueñan con ser campeones. Ese «bichito» se los contagiaron en la corporación.

Tienen en común que viven y estudian en El Retiro, madrugan todos los días a entrenar, en la tarde estudian y han ido conociendo Antioquia de competencia en competencia. Al ser parte de la Corporación están «obligados» a amar lo que hacen, a estudiar y a soñar con el triunfo.

Así lo proyectó, hace 16 años, Iván Darío Echeverri, director de la Corporación Correcaminos. Ahora, sus planes son más ambiciosos.

«Queremos convertir El Retiro en un municipio ciclístico. Soñamos que las personas se desplacen en bicicleta para el estudio y el trabajo. Que el municipio llegue a tener parqueaderos de bicicletas», dice.

En la actualidad, la Corporación tiene tres programas básicos: el recreativo y competitivo; el de ir a la escuela en bicicleta y un taller de mecánica.

«El programa recreativo y competitivo es con el cual nos identificamos. Esta es la escuela más grande del país de ciclomontañismo. Tenemos cinco campeones panamericanos, dos campeones latinoamericanos, un campeón olímpico juvenil. Todo el trabajo que hacemos está basado en educación y formación de los muchachos».

El otro proyecto se llama A la escuela en bicicleta, por medio del cual la Corporación ha donado 1.500 bicicletas para los niños campesinos.

«El Retiro tiene 20 veredas, de las cuales en 12 todos los niños tienen bicicleta, gracias al apoyo de la empresa privada. El otro programa es el taller de mecánica , que es un proyecto productivo y lo que buscamos es que nuestros muchachos a parte del estudio en el colegio, de lo recreativo y competitivo, en el tiempo libre les podamos dar unas bases de mecánica».

La Corporación está beneficiando directamente a cerca de 1.000 personas e indirectamente unas 4.000 de toda la comunidad.

«Somos un ejemplo, un modelo a seguir. Por esta razón, queremos que este modelo se vaya perfeccionando y se pueda replicar en cualquier parte de Colombia», manifestó Echeverri.

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Ciencia y Tecnología | Persona

Juan Manuel Anaya Cabrera

Investigar es el primer paso para salvar vidas

Su pasión es investigar y no hace cuentas de cuántas horas al día, a lo largo de la semana, dedica a todo lo que tiene que ver con las enfermedades autoinmunes.

Juan Manuel Anaya Cabrera, médico reumatólogo especialista en artritis reumatoide y biología molecular, con doctorados de las universidades de París, Texas y la de Antioquia, es el director del Centro de Estudios de Enfermedades Autoinmunes (Crea), en la Universidad del Rosario.

Este científico, que pareciera graduado también de mago para hacer rendir el tiempo entre la docencia, la investigación y la atención clínica, no vuelve de su asombro desde que le dijeron que ganó premio EL COLOMBIANO Ejemplar. «No sé cómo me eligieron ni por qué», afirma con gran humildad.

Pero es precisamente su don de gentes y la empatía que tiene con pacientes, alumnos y colegas lo que destaca a este científico sensible y de alma transparente.

«Si los investigadores fueran como él, con ese rasgo tan humano, la ciencia sería muy distinta», afirma la bióloga Gladys Montoya Ortiz, coordinadora del laboratorio Crea.

Su cálida y permanente entrega a los pacientes es sello distintivo. Con ellos formó, desde cuando trabajó en Medellín en la Corporación para Investigaciones Biológicas (CIB), una especie de club, para hacerles seguimiento a sus enfermedades autoinmunes.

Esto le permite analizar el comportamiento de cada caso clínico para determinar cuáles son las incidencias de esas variantes y compararlas con los resultados en el ámbito mundial.

En América Latina no existe otro centro con tal número de muestras de ADN y RNA como el que dirige en Crea.

De hecho, envía muestras de leucocitos al Centro de Oklahoma, donde logran mantenerlas inmortalizadas para futuros estudios.

 Parece paisa

Quienes lo rodean en su vida laboral -«profesionales de muy alto rendimiento porque soy bastante exigente y riguroso»-, se consideran honrados, lo definen como una persona muy cálida y con un modo de ser tan especial «que parece paisa».

Desde la óptima familiar, su esposa Andrea Schmidt y sus hijos Lucas y Simón Anaya Schmidt reconocen que «si bien Juan Manuel trabaja muchísimo, también es cierto que vive muy pendiente de su familia», enfatiza Andrea mientras ambos acarician a Arequipe, el perro de la casa.

«Cómo no hacerlo, tengo una gran familia y daría mi vida por ellos. Mis hijos son el mayor tesoro, y por muy ocupado que esté, con contadas excepciones, la hora de la cena es sagrada para compartirla en familia», confiesa.

Precisamente por ellos decidió aceptar el galardón que le entregaron anoche en el Teatro Metropolitano. «Después de pensarlo mucho comprendí que sería muy buen ejemplo para mis hijos. Me siento muy honrado de ser un colombiano ejemplar», concluyó Juan Manuel.

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 Deportes | Persona

Jercy Puello Ortiz

Alegría, éxito, ternura… Jercy

Cuando le preguntan qué calificativo le gusta más, si la reina de la pista o la negra dorada, dice que prefiere el segundo, pues «el otro como que no da», advierte, con una sonrisa, esta mujer sencilla y simpática que encontró en el patinaje la manera de ofrecerle alegrías al país.

Jercy Puello Ortiz, cartagenera de 22 años de edad, ha subido al podio de los campeonatos mundiales en 17 ocasiones a reclamar las medallas de oro (5 en juvenil y 12 en mayores), cifra que da cuenta de su calidad como patinadora, a la que le suma sus marcas mundiales.

Sobre las ruedas, con lentes oscuros y casco de colores, los 1,62 metros de estatura parecen alcanzar mayor dimensión en esta dama de tez morena y piernas finas y potentes: «En la pista siento emoción, alegría y ganas de seguir luchando para darle triunfos a Colombia».

De «civil», con el cabello apretado, pantalones cortos, tenis de colores y morral colgado en su espalda, la muchacha tampoco pasa inadvertida. En Cali, a donde se fue a vivir hace seis años motivada por una oferta para representar al Valle, la gente la reconoce y admira.

Ella, que se define tierna y amorosa, tiene mucho camino por recorrer en los escenarios del mundo, pero a la par desea convertirse en profesional de Odontología, Fisioterapia o Gastronomía.

Su amor por los niños es evidente y eso lo certifican los cincos sobrinos que son su adoración, y lo comprobaron los integrantes del Club Nuevos Horizontes, de Cali, la vez que se la encontraron en la pista. Confiesa que cuando está rodeada de los pequeños siente una felicidad inmensa y evoca sus inicios en el deporte orientada por su papá, Pedro Puello, un exboxeador que no alcanzó a figurar como ella.

«Cuando comencé a patinar, a los 9 años, veía a Berenice Moreno y Alexandra Vivas y me emocionaba muchísimo, eran ejemplos a seguir y me propuse superarlas». Jercy relata que siente emoción cuando un niño se le acerca a pedirle un autógrafo, a tomarse una fotografía con ella o, simplemente, a pedirle un consejo.

«Para eso trabajamos los deportistas, para que los pequeños nos sigan, pero con un buen ejemplo».

Ser elegida una Colombiana Ejemplar representa un reconocimiento a sus méritos deportivos y personales. Confiesa que siempre trata de mejorar sus errores, «de que no me vean solo como una patinadora, sino como una persona normal. No todo son títulos, plata u oro, soy una mujer humilde a la que la gente se le puede acercar».

Así es Jercy, la campeona, la mujer talentosa que en los ratos libres va al cine, escucha reguetón y vallenato, que se defiende en el baile y que vive enamorada de Colombia y de la vida.

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Medio Ambiente | Persona

Gonzalo Palomino Ortiz

El maestro que da la vida por la Tierra

Las playas de amor de Chimichagua, las que abrazaron la piragua de Guillermo Cubillos, también presenciaron el nacimiento de un visionario que habló de cambio climático antes de que fuera la moda, advirtió sobre la tragedia de Armero, metió en el cuento ambiental a una universidad y ahora lo propaga en toda una ciudad.

El maestro que con sus enseñanzas e investigaciones ambientales, sintetizadas en su boletín S.O.S. Ecológico , mereció el Premio Global 500 de la ONU y otras 13 distinciones nacionales e internacionales.

El mismo que ya cuenta con 17 publicaciones y que ahora es un Colombiano Ejemplar, en la categoría Medio ambiente. Inmensa obra que arrancó con unos patos.

La revelación

Esa tarde de enero, entre las heliconias, orquídeas y guaduas del Jardín Botánico de la Universidad del Tolima (UT), el maestro Gonzalo Palomino Ortiz recordó el día en que su padre, Tácito Rafael Palomino Escalona, le enseñó a cazar patos, la experiencia que marcó su vida.

De niño lo acompañaba a cuidar las vacas en los playones de Chimichagua, un pueblo del Cesar a orillas de la ciénaga de Zapatosa.

«Mi papá nos llevó a la orilla del playón, nos desnudamos y? ‘cada vez que salga un pato, ustedes se agachan'», fue la instrucción de Tácito, que ahora recuerda su hijo.

Apenas el pato asomó la cabeza, Gonza lo cogió y se sorprendió con la plaquita metálica que tenía el ave en una pata. «Alguien me contó que ese pato venía de Estados Unidos. Y pensé: ¿por qué se vienen esos verracos patos pa’ los playones de Chimichagua? Descubrí que la Tierra tiene varios climas, que los patos venían de una zona de mucho frío, se quedaban esa temporada y después regresaban.

Recibí la revelación de que las plantas y los animales podían ser diferentes. ¡Tenía cinco años y pa’ mí esa vaina era escandalosa! Quedaba claro que la diversidad estaba condicionada por el clima».

También aprendió que con el mal uso, los recursos naturales se agotan. Todavía se estremece al pensar que su padre, en la época de panelero, quemaba el bagazo de la caña de azúcar, «¡una fuente energética!», exclama Gonza sobresaltado.

Qué juventud y alegría transmite. Mientras recorre el campus de la UT, donde dicta cátedras de Ecología desde 1970, estudiantes y egresados lo saludan y él, «¡hoola campeón, ¿cómo va campeón?!».

Ese moreno alto y grueso, como el roble, de mochila arhuaca, cachucha de paño, zapatos de corduroy y lento caminar, es ingeniero agrónomo y tiene 74 años, 52 en la docencia.

El biólogo Carlos Andrés Becerra fue su alumno y considera que al maestro lo quieren mucho los estudiantes porque «es muy completo su lenguaje. Las salidas de campo son rigurosas e invita a querer los recursos naturales».

La gran retirada

En la oficina del Observatorio de Derechos Humanos de la UT, Palomino concluye que la opción ante el cambio climático es «la gran retirada», que aunque suene muy pomposo significa «cambiar el estilo de vida del crecimiento económico acelerado».

En esta ruta, la investigación más importante que desarrolla con sus estudiantes de Recursos Naturales y Agricultura Biológica es una especie de «finca de Noé», en Doima (Tolima), donde acumulan el mayor número de especies para resistir el cambio climático. La clave: el paso de la agricultura química a la orgánica.

No tiene hijos, está lejos de sus tres hermanos y su esposa Beatriz Nivia murió.

Vive solo, en Ibagué. Es un enamorado del vallenato y primo de dos grandes: Rafael Escalona y José Benito Barros Palomino, autor de La piragua.

Sueña con escribir lo que ha vivido y por eso nos muestra orgulloso su último libro: Ecología de los páramos tropicales.

Rumbo a Medellín, cuando el avión sobrevuela el Parque Nacional Los Nevados y la nieve aparece cada vez más escasa en las montañas, vuelven las palabras del maestro: «Urge la gran retirada profe, antes de que el blanco de la roca sea solo un recuerdo».

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Economía y Negocios | Persona

A Fabio lo rodean aviones

La primera vez que Fabio Villegas montó en avión, y eso no se le olvida, fue en un DC3 de Avianca. «Era muy particular porque era un vuelo Bogotá-Armenia-Pereira. A uno le daban unos algodones para que no le dolieran los oídos. Pasaba rozando La Línea… uno prácticamente tocaba con el ala del avión la carretera».

Estaba pequeño y, dice él, seguramente iba a acompañar a su papá. Le quedó gustando, aunque no se imaginó que años después, sería el presidente de Avianca.

Fabio, que nació en Pereira, vive rodeado de aviones. En su oficina, en cada rincón hay uno. «Los de acá por lo menos no consumen combustible», se ríe, mientras cuenta que en la casa también tiene y que sus hijos son unos apasionados del tema. «Muchas veces están más enterados que yo».

Por supuesto, viaja con frecuencia. Tal vez no hay semana en la que no se monte en una aeronave. Primero, por cuestión de trabajo. Segundo, porque está seguro de que hay que estar en contacto con la gente, tanto los empleados como los clientes, y «tener una percepción directa de qué es lo que está pasando allí».

Viajar no le molesta, pero como son reuniones de trabajo, un día de estos, porque no ha podido, va a sacar el tiempo para ir de vacaciones. «Lo que uno piensa siempre es que tengo que volver de paseo. En todos esos países hay unas cosas espectaculares para descansar».

Es una persona estudiosa y dedicado al oficio. Le gusta analizar los temas con juicio, para tomar decisiones con fundamento. Sabe que hay que tener disciplina con todo lo que se hace y gozarse el trabajo. «Al final, buena parte del día, 11, 12 horas, uno las tiene relacionadas con su trabajo y eso lo tiene que hacer feliz».

Además, a la fórmula, como buen economista, le suma que hay que creer en la gente con la que trabaja. «De lo contrario sería imposible manejar una empresa tan compleja».

Es un enamorado de la economía. Le fascina. Esa es la palabra que utiliza. Es lo que ha hecho siempre, aunque en años anteriores, más vinculado directamente.

Ha sido profesor de la Universidad de los Andes, fue secretario general de la Presidencia, ministro de Gobierno, director general del Deutsche Bank y Presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, Anif.

Y no le teme a los retos. No le dio miedo entrar a dirigir, en 2005, el proceso de recuperación de la aerolínea. «Me pareció interesante tener toda la adrenalina y la energía. Y eso ha pasado. Ha sido un reto complejo, apasionante y difícil, pero las cosas han funcionado».

Los fines de semana son para su familia. Eso lo trata de respetar. También le saca tiempo a los amigos y al deporte. «No creo que el país tenga un gran valor en mis condiciones deportivas», bromea. Juega tenis y trata con el golf, «con muy regulares resultados».

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Medio Ambiente | Mención Especial

Cocomacia

Cocomacia sueña en verde

En el Reposo los cerdos comen pez. En ese barrio de Quibdó transforman lo que llega a ser basura en alimento para porcinos y aves.

La idea es de una comunidad que vive su territorio como una verdadera casa. Se trata de Cocomacia, una palabra para resumir Consejo Comunitario Mayor de La Asociación Campesina Integral del Atrato, una organización sin animo de lucro que procurar el bienestar de sus miembros.

Desde esa organización se adelantan procesos que buscan mitigar el daño que le hace el hombre al medio ambiente. Octavio Rojas Romaña, representante legal de Cocomacia, cuenta que por eso en la organización tienen el reto de que a los recursos que hay dentro del territorio se les de buen uso.

Es una tarea significativa para una organización que tiene en titulación colectiva 800 mil hectáreas.

En miras de su objetivo verde, además de convertir en concentrados para animales los desechos de los pescados, que en época de subienda inundan las fuentes hídricas, hay otros proyectos que comparten el mismo color.

Octavio Rojas contó que los desechos de las cocinas -cáscaras de plátano, por ejemplo- los están utilizando para convertirlos en abono orgánico.

Esas ideas tienen grandes componentes educativos, que tienen gran valor porque en Cocomacia se agrupan cerca de 7.000 familias. Algunas de ellas trabajan en la minería, un sector en el que también tienen la mira.

Están trabajando por crear una reglamentación interna, en su territorio, para la explotación minera. La idea es procurar una explotación responsable con la naturaleza de esos recursos, pero también cuidar la problemática social que rodea a los socavones.

En la explotación de madera también trabajan y con tantos frentes es claro el compromiso verde de Cocomacia.

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Economía | Institución

Haceb

Haceb: ¡Puro servicio!

Como ayudante de un taller eléctrico, José María Acevedo Alzate se ganaba, hace más de 70 años atrás, 5 pesos mensuales. Hoy, este hombre es el cerebro de una multinacional que vende 438.000 millones de pesos en electrodomésticos, les transfiere 80.000 millones de pesos en salarios y beneficios a 3.000 trabajadores y alimenta, en más del 50 por ciento, las arcas de un municipio como Copacabana.

Haceb se llama esta industria, cuyo éxito se debe a la capacidad de don José María para superar, con talento, las limitaciones que generalmente impone la pobreza.

Su calidad y gestión humana pueden verse en una organización con siete décadas sin conflictos laborales; en el 0,8 por ciento del personal que anualmente se retira de la empresa; en el promedio de antigüedad de 16 años; en los 103 ascensos realizados en 2010; en la convención colectiva para cuatro años; en los 536 colaboradores que allí han conseguido casa propia; en los 1,4 millones de pesos que, con prestaciones, gana en promedio un operario; y hasta en la fiesta anual, el último domingo de noviembre, que congrega a 7.500 personas de la familia Haceb.

Y cabe un detalle más: don José María sabe que su planta de producción podría ser más automatizada y productiva, pero él prefiere no acometer esa inversión que dejaría en la calle a por lo menos 1.000 personas.

Es que, como le dijo hace 12 años a Héctor Arango Gaviria, «Haceb es un patrimonio nacional para proteger y conservar». Por tal razón don José María llamó al empresario para que le ayudara a transformar la empresa familiar, con una Junta externa en la que también están hoy Iván Hurtado, expresidente de Pintuco, y José Restrepo, expresidente del Éxito.

En ese plan de renovación se inscribe el nombramiento de Cipriano López González como gerente General, quien, como su antecesor, Darío Valencia Echeverri, sigue la línea de una dirección muy cercana al personal.

Arango Gaviria, presidente de la Junta, anota que para trabajar allí se requiere una buena dimensión humana, voluntad de servicio y un espíritu innovador.

Tan fuerte es la innovación que, según López, gracias a ella el 32 por ciento de las ventas corresponde a productos nuevos.

Eso vale. Además de los 30 millones de dólares que le meten a la moderna planta de neveras, del orden de 25 millones de dólares se destinan al desarrollo de novedosos artículos.

Ahí también se ve la mano de don José María, el hombre que, a sus 92 años, se actualiza a la velocidad del tiempo.
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Turismo | Persona

Andrés Jaramillo

Andrés el dueño de la casa

Cuando Andrés tenía unos 22 años, soñaba con tener una novia rubia y un jeep descarpado. Después de varios meses logró conseguirse el jeep, pero Stella no era mona.

«Me llevé para Coveñas a la que no era rubia». Se fueron en el jeep Suzuki y «yo me acuerdo que le dije a Stella que ojalá algún día, es como la proclama de Bolívar, tenga un sitio para atender a la gente, bajo un ambiente particular».

Premonitorio quizá, dos o tres años después arrancó con Andrés Carne de Res. «Eso ya fue la bobadita de treinta años». También se casó con Stella Ramírez.

Andrés Jaramillo es paisa. Su papá era antioqueño y su mamá boyancense. Desde los cinco años su familia se trasladó a Bogotá. Por eso, cuando le preguntan que de dónde es, allá, en la Capital, dice que es antioqueño de Chía, y acá, en Medellín, antioqueño de pura cepa.

De paisa tiene mucho. Sólo es recorrer un poco, ni siquiera más de dos metros, el restaurante. Andrés dice que su formación familiar tiene relación con las costumbres paisas y que la comida era parte fundamental de la familia.

«Tal vez molestaba que yo debí tener un ancestro dueño de alguna fonda en alguna montaña antioqueña, me imagino, por el gusto por colgar la cotidianidad».

No colgarla, eso sí, de cualquier forma. Andrés es cuidadoso con la estética, y con todo, en general. No tiene que confesarlo, pero lo dice sin temor. Es obsesivo y tiene su neura, su manera de ser.

Todo el día regaña, todo el día anota. Después llega a la oficina y le comunica a los jefes las observaciones. También escribe, en sus palabras, poesía rabiosa. «Aparentemente me puedes ver como un patrón furioso. Exijo mucho al individuo, tampoco premio con abrazos, pero sí con un crecimiento de esa persona a través del tiempo».

Sabe que esa obsesión y compulsión porque todo esté perfecto, es parte del éxito de Andrés Carne de Res. Ser permanentemente juicioso.

«Hay un amigo que, mamándome gallo, dice que yo soy la expresión del minimalismo antioqueño. Me parece que es una maravilla de definición estética que se maneja en Andrés. Quiere decir que cómo será realmente la expresión, si la mía es…».

El restaurante es un ícono colombiano, con esencia propia. Ya no es sólo de él, porque se asoció, para que perdure en el tiempo, pero sin que pierda su poesía y su espíritu. Él se encarga de eso. Sabe, así lo dice, que la gente ha convertido su sitio en otra casa.

 Un niño grande

Andrés también juega. Estaba tratando de llegar a una conciliación con un grupo de comensales y se le ocurrió que era buena idea jugar con los pitillos. Les quitó un pedacito de papel en la punta, los hizo soplar y divertirse con la caída del resto de empaque sobre el piso. «Es una búsqueda permanente de los recursos que hay. Bueno, me da risa, aun cuando me critican a veces». Andrés, además, es un niño.

Tiene cuatro hijos. Una mujer y tres hombres. «Las cuatros estrellitas, que ya están en su adolescencia».

Stella es su esposa. Con ella ha crecido, cuenta, a través de muchas historias. Tristes y bonitas. «Y yo sostengo que es una maravilla, porque me ha aguantado». Desde esa vez, que se la encontró en el bus y la siguió, anda enamorado. También se enoja con ella, que es filósofa, no de profesión, pero sí de afición. Ese día le dijo que se estaba volviendo un místico aburrido, «porque me ha dado por mirar mucho las matas».

Andrés hace ejercicio por las mañanas, va a la oficina, trabaja feliz en un computador, por donde pasa va dando órdenes, tanto como saludos. A las personas le gusta verlo, decirle que la comida estuvo deliciosa. Sentir «que ahí está el dueño de la casa».
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Solidaridad | Mención Especial

Politécnico Julio C. Hernández

Un poli a orillas del Cauca

El que no estudie es porque no quiere. Los habitantes del suroeste antioqueño y norte caldense ya no tienen que desplazarse hasta Medellín a cursar estudios superiores porque en La Pintada está el Tecnológico de la Fundación Julio C. Hernández.

Esa era la queja de muchas personas. Por ejemplo, María Violedi Martínez, quien este fin de semana comienza clases del segundo semestre de Producción Agrícola. Egresó de undécimo grado y no veía posibilidad de seguir estudiando, porque su familia no tiene recursos con qué enviarla a vivir a Medellín y ni siquiera todos los fines de semana. Al Julio C. puede irse caminando, pues menos de dos kilómetros lo separan de su casa situada en ese municipio atravesado por el Cauca.

Con capacidad para 900 alumnos, el Tecnológico tiene 230 estudiantes en Producción Agrícola, Gestión Comercial, Sistemas de Información y Manejo de Aguas. Como los más de ellos trabajan en semana, estudian sábados de 8:00 a.m. a 6:00 p.m. y domingos, de 8:00 a.m. a 3: 00 p.m., con dirección del Tecnológico de Antioquia, cuyo rector es Lorenzo Portocarrero.

Otro factor que invita al estudio es la calidad de las instalaciones. Un edificio moderno, dotado con sala de informática, biblioteca, capilla y laboratorio, está construido en un campus de 19 hectáreas bañado por la quebrada Las Brujas, con arboledas y jardines que hacen de la estancia un deleite.

Laura Cristina Toro Morales, coordinadora, anuncia los planes futuros: ampliación de la cobertura, creación de un periódico y conformación de la caja viajera para prestar libros a otras institiuciones educativas.

hjck

Cultura | Institución

HJCK

La HJCK, un legado que debe ser eterno

» Abierta la pupila a un mundo vano/ que solo escoria de la luz concede, /Borges recuerda a Borges, retrocede/ toca antiguos olvidos con su mano «.

Así comienza el poema que Álvaro Castaño Castillo le escribió al escritor argentino Jorge Luis Borges, el día que se enteró que además de ciego, el poeta padecía de amnesia y no recordaba ninguno de sus poemas.

Como Borges, docenas de poetas, escritores, músicos, empresarios y «hasta uno que otro político» han pasado frente a los micrófonos de HJCK El mundo en Bogotá , la emisora cultural que fundó Castaño Castillo con un grupo de amigos, hace más de 60 años, que resistió en el aire más de 50 años y que ahora se escucha por internet.

En esta media centuria y una década, este abogado de profesión, pero amante del arte en todas sus manifestaciones por pasión y convicción, le apostó a la cultura de la mano de su inseparable esposa Gloria Valencia de Castaño, «una belleza de mujer que ha jugado un papel fundamental en la emisora y que siempre me ha ayudado en todo».

Melómano, poeta y Académico de la Lengua, este bogotano hijo del general antioqueño Joaquín Castaño Ramírez, «mi gran orgullo; me inculcó un gran amor por Rionegro y todo lo antioqueño», confiesa que esta tierra paisa ha tenido mucho que ver con la permanencia de la emisora. «Gracias a la gran vertiente cultural tan importante de Antioquia y al apoyo de la industria antioqueña sobrevivimos a los presagios de quienes insistían que no se podía vivir de la cultura».

Recursivo y futurista, este gran hombre, con una de las memorias más prodigiosas del país, fue pionero en la realización de colecciones con las grabaciones de los grandes poetas y personajes ilustres de Colombia.

Gracias a él, los grandes hombres del país siguen vigentes en sus grabaciones.
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Solidaridad | Institución

Fundación Laudes Infantis

Salvan niños a punta de trueques

Con una nariz de payaso como única herramienta, Martha Jacqueline Moreno e Ivonne Jeggey se dieron a la tarea de trabajar por los niños de la calle.

«Pronto vimos que la respuesta de estos pequeños era diferente en las montañas del sur de Bogotá y cambiamos de método», recuerda Martha Jacqueline.

Así nació la Fundación Laudes Infantis, hace poco más de una década, con un marcado énfasis en la atención de niños entre cinco y 18 años, si casa ni hogar.

Pero los menores no están solos y el trabajo se refleja en toda la comunidad. El éxito de su misión social y humanitaria radica en el trueque.

«A nadie se le regala nada, sea adulto o niño. Todo el mundo tiene algo que dar», señala Martha Jacqueline.

En total 3.500 familias, unas 15.000 personas participan de este sistema de negociación equitativa que luego replican en sus hogares. «Esto ha permitido una importante reducción de la violencia intrafamiliar». Se estima que en Colombia dos millones de infantes son maltratados al año.

Hoy tienen cuatro bancos de truque, con sus respectivos gerentes, donde se aplica una cartera de intereses a quien falla. «Si un niño de cinco años necesita ir al comedor, debe ir dos veces a la semana a la biblioteca. Si solo va una vez entra en mora», cita como ejemplo.

Gracias a la Fundación Laudes Infantis, entre las comunidades se genera sostenibilidad afectiva, algo vital para que al salir del programa «el edificio no se caiga».

Los positivos resultados no se han hecho esperar y esta labor ya ha sido replicada en Suiza y Estados Unidos, donde hay sedes de la fundación, y su metodología ya está siendo replicada en Carvajal (Cali), la Fundación Semana y la Corporación Matamoros.

Ya son 25 los proyectos que caminan (guarderías, emisora, reciclaje Mundo Cartón Laudes, grupo de teatro -acaba de llegar de una presentación en Alemania-, escuelas de formación laboral y de líderes, entre otros. Un pulpo con cuerpo de trueque y muchos brazos comunitarios.

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Ciencia y Tecnología | Persona

José Luis Franco Restrepo

«Para el mejor doctor del mundo»

La oficina de José Luis Franco es organizada y muy sobria. En ella hay algunas fotos, varios libros y dos notas que sobresalen a la vista de todo aquel que lo visita.

Una dice: «Doctor gracias a Dios hay personas como usted y podemos tener la tranquilidad de que vamos a estar aliviados» y de la otra resaltan estas palabras: «para el mejor doctor del mundo».

José Luis Franco estudió medicina en la Universidad Pontificia Bolivariana «para ser honesto aún no sé porqué estudié esta carrera, ya que en los test que hacían en el colegio decían que yo debía seguir publicidad o diseño industrial», cuenta entre risas.

«Un día me levanté y dije voy a estudiar medicina y ahí comencé las averiguaciones», apunta.

A lo largo de la carrera descubrió que le gustaban las ciencias básicas, por eso cuando terminó el pregrado comenzó a estudiar inmunología en la Universidad de Antioquia.

«Después estuve un poco más cinco años en el Instituto Nacional del Cáncer, en Estados Unidos, allí me dediqué a estudiar a la inmunología del cáncer», cuenta.

José Luis Franco confiesa, además, que es un poco inquieto con la vida, que le gustan las aventuras, viajar y conocer el mundo.

Por eso, cuando volvió de Estados Unidos se dedicó a viajar. «Comencé a trabajar con antigüedades con un compañero del colegio y juntos viajábamos por todo el mundo. Así estuve más o menos un año y medio», relata.

Todas las personas allegadas le preguntaba porqué hacia esto, sabiendo que ya tenía una carrera bien formada, y él sin pensar contestaba: «Uno debe hacer lo que le nazca».

Más adelante y motivado por otra especialista, Diana García, comenzó a trabajar en el grupo de inmunología en de la Universidad de Antioquia. Estando allí realizó comenzó a estudiar el doctorado en Ciencias Básicas enfocado en las inmunodeficien ias primarias.

Más adelante viajó al exterior para realizar otros estudios y conocer un poco más sobre las bases genéticas y moleculares de esta enfermedad.

En la actualidad José Luis Franco es el director del Grupo de Inmunodeficiencias Primarias de la Universidad de Antioquia. «Lo que más me hace vibrar es cuando veo que pudimos hacer algo por un paciente y logramos que saliera adelante», concluye.
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Solidaridad | Persona

Gloria Inés Restrepo Vásquez

Lo que Gloria da, le viene de Dios

Por una imagen llegó a la cárcel. Al fondo estaba la Virgen de las Mercedes acompañada con flores, en el primer plano, unos brazos masculinas se apoyaban en los barrotes y una mano sujetaba una vasija de plástico marcada con la palabra Axión.

El conjunto de elementos de la fotografía que Gloria Inés Restrepo Vásquez vio publicada en EL COLOMBIANO a mediados del noventa la llevaron hasta los patios de la cárcel Bellavista.

No era la primera vez que pisaba un reclusorio. Meses antes de ver la foto, que recortó y guardó por un tiempo, se enteró de que las religiosas que prestaban su servicio misional en el Buen Pastor estaban buscando licenciados voluntarios que las capacitaran, porque les estaban exigiendo tener al menos el grado de bachilleres.

Gloria Inés tenía el título de licenciada de la Universidad Pontificia Bolivariana y la experiencia como maestra en los colegios Los Almendros, Pinares y Santa Margarita.

Tenía también la vocación de servicio, un don que ella asegura se lo debe solo a la bondad de Dios. «La vida es servicio», dice.

Lo que ha hecho durante casi toda su vida es cultivar ese don. A la docencia llegó por herencia pero también por una motivación íntima que la lleva a servirle a los otros.

Durante 35 años se desempeñó como maestra en una profesión que cuenta «ama con toda el alma». Sería por eso que no le importaba dar su clases en el colegio en la mañana, salir al mediodía y continuar en la tarde en el Buen Pastor.

Cuando terminó su tarea con las religiosas y días después de decirle a su mamá «tengo que ir a la cárcel», Gloria Inés llamó a la Pastoral Penitenciaria Católica donde la recibieron con los brazos abiertos para que dictara clases a los muchachos -como ella los llama- de Bellavista.

Tenía cursos de hasta 90 personas, en los que le tocó trabajar mucho porque varios se matriculan con la única intención de rebajar la pena. Claro que ella sacó toda su experiencia y otro don que le agradece a Dios, el del manejo de grupo, para mantener siempre el orden.

Nunca -es enfática Gloria Inés- alguno de los reclusos le dio mal trato, siempre la respetaron y el tiempo que compartió con ellos lo recuerda sin manchas de desagrado.

Y eso que algunas veces tuvo que salir corriendo del recinto por las órdenes de traslado u otras disposiciones normales para el sitio. Ella asegura que nunca sintió miedo.

La tranquilidad no se le arruga y la piel tampoco. Cerca a los 60 años de edad, Gloria Inés tiene la piel como de dos décadas menos. Sus padres también fueron de piel tensa pero ella cree que la suya se la debe en mucho a el amor con que hace las cosas.

Se jubiló en 2007 como docente, pero hasta el año pasado estuvo dando, con el mismo amor de siempre, clases en Bellavista. Con ese mismo compromiso, hace 30 años tiene hace un voluntariado en el que les hace compañía a enfermos que no reciben visitas. Hace unos meses sintió que podría servir más y por eso pasa varias horas a la semana acompañando a los ancianos del asilo Mi Casa. Con todo, Gloria Inés no cree que la ejemplar sea ella, está segura de que el ejemplar es Jesucristo.

cenicafe

Ciencia y Tecnología | Institución
Cenicafé

El conocimiento detrás de una taza de café

Una producción ágil y eficiente, una cosecha resistente a plagas y enfermedades como la roya, y un grano de gran calidad son algunas de las características de la Variedad Castillo, un producto que, luego de muchísimos años de investigación, ha desarrollado Cenicafé.

En un país cafetero por excelencia como es Colombia, la investigación y el desarrollo de tecnología en los procesos de producción del café son fundamentales. Esta es la tarea que lleva a cabo El Centro de Investigación de Café, Cenicafé, un instituto amparado por la Federación Nacional de Cafeteros, que desde 1927 trabaja por el desarrollo de cientos de proyectos de experimentación en todas las áreas del conocimiento relacionadas con la caficultura: desde los estudios genéticos para obtener nuevas variedades hasta la investigación sobre la industrialización del café, dirigida a favorecer a los consumidores de la bebida más suave del mundo.

«Nuestra labor está encaminada a producir conocimiento alrededor de lo que es la planta y el cultivo, conocer las condiciones de suelo, hacer las investigaciones en clima, estudiar procesos de la cosecha y la poscosecha y, obviamente, poder transmitir toda la información obtenida al gremio de los caficultores», explica el director de Cenicafé, Fernando Gast Harders, quien hace poco más de un año está a la cabeza de este núcleo de la investigación agrícola.

Cenicafé es un centro de carácter nacional que, en principio, trabaja desde la región cafetera. Su estación de investigación principal se encuentra ubicada en Chinchiná, Caldas y, además, actúa desde ocho estaciones experimentales que van desde Puerto Bello en el Cesar, hasta El Tambo en el Cauca, puntos estratégicos que representan y cubren los sectores cafeteros de toda la geografía del país.

«Trabajar en Cenicafé es todo un privilegio», cuenta Gast Harders, y en eso está de acuerdo la gran mayoría de sus empleados que encuentran el ambiente perfecto para realizar toda su labor de investigación y un paisaje natural excepcional, en medio de un bosque de guadua, pájaros y cafetales.

En Cenicafé, dice el mismo director, «los patrones son nuestros campesinos»; esos que todos los días están al frente de su cultivo, sudando y trabajando, beneficiando a la economía del país.

A la entrada del auditorio de este centro, en donde se han reunido, presidentes, ministros y empresarios, se encuentran muy bien enmarcadas varias fotos de los caficultores, retratos humildes en los que se pueden apreciar las marcas de una labor ardua. Un reconocimiento merecido, porque es el campesino para quien finalmente se trabaja, es quien utiliza el conocimiento producido por este centro de investigación. «Si uno mira la estructura caficultora colombiana, ve que la mayoría de los caficultores, casi el 95 por ciento tienen menos de cinco hectáreas. Estamos hablando que el Centro tiene que abordar temas muy complejos en investigación y elaborar productos completos basados en buena ciencia que garanticen una buena producción», agrega el director.

Por ello se han desarrollado sistemas con tecnologías sencillas para facilitar y optimizar el proceso de producción, por ejemplo, los secadores o túneles solares, sistemas que el campesino pueden construir por sus propios medios. Otra de las prioridades de Cenicafé es el control de plagas, como la broca, un proceso en el que se evita el uso de pesticidas y se le da prioridad al combate natural a través de hongos e insectos. El estudio del genoma del café es otra de las investigaciones que adelanta el Centro, con miras a estudiar y construir el mapa estructural del café, así como las enfermedades y plagas que pueden atacarlo.

Un reconocimiento a la investigación como uno de los grandes impulsadores de la agricultura de nuestro país.
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Cultura | Persona

Cecilia Vargas Muñoz

Del barro que vincula el arte con la tierra

A Cecilia Vargas Muñoz es posible encontrarla en el silencio de su jardín. Arrodillada bajo un árbol que es cobijo de los pájaros. Sabe de 22 especies diversas de aves para las que su casa es solaz, puro refugio.

Le gusta comer en una mesa de madera maciza frente a un ventanal inmenso. Despacio, sin afán, cocina con productos que ella misma procesa. Porque sus manos bien pueden cocer una vasija de barro, estrujar un estropajo o macerar el banano para una torta.

Son manos gruesas, musculosas, con las que ejercita la «memoria táctil», la conexión entre su cerebro y la tierra. Por sus dedos pasa la barbotina, esa preparación de barro y agua, con la que da forma a la masa húmeda de la que puede salir el perfil de un Simón Bolívar o el talle de Manuelita Sáenz.

Pero ella no esculpe. Prefiere que el material revele su lado tosco, el perfil más bello. Como cuando trabaja el bahareque y, en una placa que deja tostar al sol, se revelan unas vetas cuarteadas, casi rojas.

Cecilia es una artista, pero «hace tiempo dejé de ser ceramista pirómana; ahora soy una ambientalista».

Es directa. Sabe de quemas, basuras no recicladas, infiernos que vuelven tóxica el agua o humedales que se taponan con cemento. Su arte, todo, puede convertirse en materia orgánica para alimentar el suelo y hacer que salga de raíz una planta.

En su taller, recicla y junta materiales. Un recuadro de madera puede servirle de bastidor a una ventana de bahareque. Ella reutiliza y transforma… e investiga.

Ha dedicado años a estudiar los inmensos y extraños jeroglíficos denominados «petroglifos» que están al Sur de Colombia, en el Huila, donde nació.

Su casa, en Pitalito, está a cuarenta minutos del Parque Arqueológico de San Agustín. Desde ese espacio que ella ha conquistado con silencios y lecturas, emprende viajes de inmersión en una cultura o una técnica.

 Las culturas la inspiran

Hace un par de años le pidieron que recreara la vida diaria de algunas tribus precolombinas, entre ellos los zenúes, para el Museo del Oro. Y lo que descubrió le cambió la vida y la confrontó.

Ahora replantea la «cómoda manera del hombre de apropiarse del mundo», y prefiere devolverle la magia con la que la sorprende a diario. Y actúa.

Hace 30 años compró un terreno al que bautizó La embarrada. Allí sembró árboles nativos y guaduas, y dejó que ese ecosistema creciera sin intervención.

Han sido «árboles que me regalaban las aves», porque ellos, los pájaros, transportan las semillas que obran el milagro de una nueva vida.

Hace 11 años siguió con su proyecto. Compró tres hectáreas que llamó Ángel Verde, en el que hay una pequeña casa en bahareque, en la que hace actividades culturales y talleres.

Le encanta reunir a los más pequeños, incluida su nieta Isabela, a contarles de los ciclos vitales; y de como uno, adentro, vibra con el ritmo de lo natural.

Su obra es lenta. Sabe que la naturaleza «me responde maravillosamente». Se abre a sus manos con agradecimiento. Casi que le sonríe.

Como lo hace el recuerdo de su madre, Aura Muñoz, una artista y ceramista nata. Con ella vivió la época de las Chivas de Pitalito, cuando decidió retomar ese ícono de la vida rural y volverla pura picaresca. Porque sus rostros, los que moldea, y las escenas que arma, no son pétreos, hablan. Están vivos.

Ahora sabe que no hubiera podido ser otra cosa. Una artista con un cordón umbilical que la ata a la tierra, al barro. Con ese vinculo vital crea. Solo le resta «vivir su vida como un acto de amor», el que a diario la mueve.